El presidente Abelardo de la Espriella y el expresidente Álvaro Uribe habrían acordado reducir las tensiones entre el Gobierno y el Centro Democrático, en un acercamiento que tendría como principal escenario el Congreso y la discusión de proyectos prioritarios para ambas partes.
Una llamada entre los dos dirigentes habría contribuido a desactivar el choque político que se venía acumulando desde la campaña. La distensión estaría acompañada de compromisos legislativos y solicitudes para moderar las críticas entre integrantes de las dos orillas.
Uno de los puntos centrales sería el respaldo del Ejecutivo a iniciativas promovidas por el uribismo. Entre ellas figura una contrarreforma pensional que el Centro Democrático preparaba para radicar y que busca modificar aspectos del sistema, con argumentos relacionados con su sostenibilidad y la libertad de los ciudadanos para elegir el régimen de ahorro.
La segunda iniciativa pretende establecer límites a los incrementos del avalúo catastral y del impuesto predial. El proyecto, de autoría del representante Óscar Darío Pérez, fue presentado a finales de julio y busca evitar aumentos que afecten a los contribuyentes.
A cambio, el Centro Democrático mantendría su disposición a respaldar propuestas del Gobierno, entre ellas la ley de sometimiento de organizaciones criminales y la iniciativa contra la llamada “mermelada”, relacionada con el uso de recursos y prácticas de distribución de beneficios políticos.
Las exigencias no serían únicamente legislativas. De acuerdo con las fuentes citadas por el medio, desde el uribismo también se habría reclamado un trato más respetuoso hacia los congresistas, después de un episodio en el que dos parlamentarios, uno liberal y otro del Centro Democrático, presuntamente no pudieron ingresar a una reunión con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres sobre el fenómeno de El Niño.
Desde el Gobierno, por su parte, habría surgido la petición de moderar las críticas públicas. En la conversación entre De la Espriella y Uribe, cada uno habría mencionado a un senador de la bancada del otro: el presidente habría pedido al expresidente que ayudara a moderar las críticas de Rafael Nieto, mientras que Uribe habría solicitado reducir la confrontación de Enrique Gómez con el uribismo.
Otro asunto que habría generado malestar fueron los videos creados con inteligencia artificial durante la campaña, en los que aparecían dirigentes del Centro Democrático y el propio Uribe en reuniones ficticias. Miller Soto, vocero del Gobierno, habría servido como intermediario para transmitir esas preocupaciones y facilitar el acercamiento.
La recomposición de la relación llega en un momento en que la Casa de Nariño necesita respaldo legislativo para tramitar una agenda amplia. Entre los asuntos pendientes aparecen el presupuesto de 2027, la ley de sometimiento, el proyecto contra la “mermelada”, un estatuto antiterrorista, una reforma tributaria y el Plan Nacional de Desarrollo.
La tregua, sin embargo, no equivaldría a un respaldo incondicional. Desde el Centro Democrático se mantendría la posibilidad de cuestionar las decisiones del Ejecutivo, mientras que el Gobierno necesitaría evitar que las diferencias políticas bloqueen sus proyectos.
Por ahora, los términos del acercamiento se conocen a través de fuentes citadas por la prensa y no de un acuerdo público firmado por las partes. La prueba estará en las votaciones que vienen: allí se verá si la reducción de la confrontación se traduce en una alianza legislativa efectiva o si se trata de una pausa temporal en la disputa entre el Gobierno y el uribismo.







