Santa Marta, la ciudad donde hay más fábricas de agua que agua

Por Álvaro Cotes Córdoba
Santa Marta, 1° de abril de 2026

Una ciudad rodeada por el mar Caribe, bañada por ríos que descienden de la imponente Sierra Nevada y con un clima tropical que trae lluvias generosas en ciertas épocas, la escasez de agua potable en Santa Marta se ha convertido en una paradoja.

Mientras el servicio público del acueducto falla con frecuencia, ha proliferado un sector privado de plantas purificadoras y fábricas de agua envasada que llenan el vacío dejado por la gestión pública. El resultado es una ciudad donde, en muchos barrios, parece haber más puntos de producción y venta de agua tratada en botellones que agua confiable saliendo del grifo.

No existe un censo oficial preciso y actualizado del número exacto de estas “fábricas”. Directorios comerciales listan varias operaciones —muchas de ellas pequeñas plantas de purificación con osmosis inversa, ozono o UV— que operan en sectores como Mamatoco y zonas periféricas. Marcas como Agua Don Diego, H2O La Roca, Agua Nevada, Seranqua o Agua San Lázaro forman parte del paisaje cotidiano. Muchas funcionan como puntos de recarga y distribución, atendiendo la demanda de hogares que desconfían del agua del acueducto.

Este floreciente negocio no es un signo de prosperidad industrial, sino un síntoma de una crisis profunda. El agua del grifo llega turbia, con baja presión o simplemente no llega, por lo que miles de samarios terminan pagando por botellones como un gasto fijo.

La Empresa de Servicios Públicos del Distrito de Santa Marta (ESSMAR) opera las Plantas de Tratamiento de Agua Potable (PTAP) El Roble y Mamatoco, que dependen de captaciones de ríos serranos como el Manzanares, Gaira o Piedras.

Estas fuentes son altamente vulnerables: en temporada seca los caudales se reducen drásticamente; en lluvias fuertes, la turbiedad y los derrumbes obligan a reducir o suspender la producción. A esto se suman pérdidas en la red que superan frecuentemente el 40%, conexiones ilegales, alcantarillado colapsado y un crecimiento urbano-turístico desordenado.

El déficit estructural se estima entre 1.000 y 1.200 litros por segundo. Barrios enteros del sur, el corredor turístico y zonas periféricas sufren racionamientos y la llegada de carrotanques. En contraste, Barranquilla —a poco más de 100 km— ofrece un servicio más estable gracias a la empresa Triple A y su abastecimiento del río Magdalena. La diferencia radica principalmente en gestión e infraestructura, no en la disponibilidad natural del recurso.

Pero después de décadas de racionamientos, la gran apuesta del gobierno de Gustavo Petro, el único Presidente que al parecer sí va a cumplir su promesa de campaña — porque todos los anteriores dijeron que lo harían y nunca lo hicieron — son dos plantas desalinizadoras declaradas proyecto estratégico nacional (CONPES 4159).

La principal, en Pozos Colorados, busca una capacidad de aproximadamente 51.840 m³/día. La segunda, en Taganga, es más modesta. Y se espera el avance de obras en los próximos meses, junto con mejoras en redes. Si se ejecutan con transparencia y eficiencia, estas desalinizadoras podrían diversificar las fuentes y romper el ciclo de dependencia de los ríos serranos.

Sin embargo, la historia samaria está llena de promesas que se diluyen, aunque esta vez se pronostica diferente, por cuanto hay un Presidente que considera más los intereses del pueblo que los de los ricos.
Pero la paradoja que duele es que Santa Marta, hoy por hoy, es una ciudad donde hay más fábricas de agua que agua. Un mercado que nace de la desconfianza. Y aunque existen muchas fábricas con permiso, proliferan las ilegales y cuando son descubiertas, reciben sanciones pírricas por parte de las autoridades.
La solución no pasa solo por nuevas megaobras, sino por reducir pérdidas en la red, mejorar la operación de ESSMAR y proteger las cuencas de la Sierra. Mientras eso ocurre, el negocio de las plantas purificadoras seguirá prosperando. Porque en Santa Marta, la sed no es solo de agua: es también la de una solución definitiva que lleva décadas prometiéndose.
(Este artículo se basa en reportes oficiales de ESSMAR, Ministerio de Vivienda, CONPES 4159, directorios comerciales y fuentes locales disponibles hasta abril de 2026).

Economía y Finanzas

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