En Barranquilla comienza a calentarse el tablero político de cara a las próximas elecciones locales y, según versiones que circulan en distintos sectores políticos de la ciudad, hasta dentro de la propia casa Char habría diferencias sobre quién debería llevar las banderas del grupo para disputar nuevamente la Alcaldía.
La conversación tiene dos nombres principales en el supuesto pulso interno: Ana María Aljure y Juancho Jaramillo.
Por un lado, versiones políticas señalan que el exalcalde Alejandro Char tendría interés en impulsar a Ana María Aljure como eventual candidata. Del otro, se afirma que Fuad Char tendría una preferencia distinta y vería con mejores ojos el nombre de Juancho Jaramillo.
Y ahí es donde comienza la ‘murga’ política.
Porque, mientras en la familia Char supuestamente se estarían barajando nombres diferentes, en otros sectores de Barranquilla aparecen dos figuras que también comienzan a generar conversación: Juan José Ospino y Fernando Fiorillo.

El primero ya tiene experiencia política y administrativa en la ciudad, mientras que Fiorillo viene ganando visibilidad por su trabajo en gestión del riesgo y su contacto permanente con comunidades y barrios de Barranquilla.
¿Una pelea o simplemente estrategia política?
Por ahora, hablar de una ruptura o de una pelea dentro de la casa Char sería ir demasiado lejos. Lo que sí resulta llamativo es que comiencen a circular versiones sobre preferencias diferentes alrededor de una elección que todavía está en etapa temprana.
Y aquí aparece la pregunta que muchos se hacen en los corrillos políticos: ¿quién termina poniendo el candidato?
Porque una cosa es que existan varios nombres sobre la mesa y otra muy distinta que el grupo político termine cerrando filas detrás de una sola candidatura.
La política barranquillera ha demostrado que los respaldos, alianzas y candidaturas pueden cambiar de rumbo cuando llega la hora de tomar decisiones.
Por ahora, el supuesto escenario sería este: Alejandro Char con Aljure, Fuad Char con Jaramillo y, por fuera de esa discusión, nombres como Ospino y Fiorillo buscando conectar con sectores ciudadanos que quieren alternativas diferentes.
Y eso le mete un ingrediente adicional a la contienda: mientras algunos grupos políticos empiezan a mover sus fichas, en los barrios también se comienza a medir qué nombres generan simpatía y cuáles tienen verdadero músculo electoral.
La pregunta de fondo no es solamente quién quiere la casa Char.
La verdadera pregunta es:
¿a quién quiere ver Barranquilla sentado en el Palacio de la Aduana?
Porque si las versiones terminan confirmándose, la próxima batalla electoral podría tener una particularidad: la discusión no estaría únicamente entre partidos y candidatos, sino también dentro de los propios grupos de poder de la ciudad.
Por ahora, todo está en el terreno de las versiones políticas. No existe una candidatura oficial definida ni un pronunciamiento público de Fuad Char o Alejandro Char que confirme estas supuestas preferencias.
Pero la ‘murga’ ya empezó.
Y en política, cuando comienzan a sonar los nombres, normalmente es porque alguien ya está haciendo cuentas.

