El Pacto Histórico, coalición creada para unir a la izquierda colombiana, atraviesa uno de los episodios más polémicos desde su fundación. El pasado 15 de noviembre, la colectividad anunció su respaldo oficial a Rafael Noya García, candidato a la Gobernación del Magdalena en las elecciones atípicas del 23 de noviembre. Sin embargo, lejos de fortalecer la unidad progresista, la decisión abrió un profundo debate interno y expuso contradicciones que muchos consideran una ruptura con la esencia del proyecto.
El comunicado difundido por la coalición destaca que el apoyo a Noya se sustenta en “la necesidad de articular agendas públicas” con el Gobierno Petro y avanzar en reformas sociales, sostenibilidad, soberanía y paz. No obstante, el mensaje convive con un contexto político lleno de grietas, cuestionamientos y alianzas que han encendido alarmas dentro y fuera del Pacto.
Un candidato con aval de Cambio Radical y apoyos uribistas
Pese a su discurso progresista, Rafael Noya inscribió su candidatura con el aval de Cambio Radical, partido clave en los gobiernos de Álvaro Uribe y eje tradicional de la derecha en el Caribe. A esto se suma el respaldo político y financiero de figuras asociadas al Centro Democrático, como el empresario Juan Carlos Dávila Abondano, condenado por el caso Agro Ingreso Seguro, y dirigentes como Ángela Cedeño y Jorge Argüelles.
Estas conexiones han sido interpretadas como un pacto ideológicamente incompatible con los principios fundacionales del Pacto Histórico. Analistas consideran que Noya representa una coalición heterogénea que, en la práctica, mezcla progresismo con sectores del uribismo y la vieja política.
El factor Pinedo: apoyo desde una Alcaldía señalada
El escándalo se profundiza al conocerse el rol del actual alcalde de Santa Marta, Carlos Pinedo Cuello, quien según fuentes políticas estaría respaldando “bajo la mesa” a Noya. Pinedo, de derecha, llegó al poder tras la caída judicial de la candidatura de Jorge Agudelo y ha sido cuestionado por presuntos vínculos con grupos paramilitares y por usar entidades públicas para promover la campaña del candidato.
Noya, lejos de desmarcarse, ha destacado públicamente que su eventual gobierno se “articulará” con la Alcaldía, lo que ha generado rechazo entre sectores progresistas que ven en esto una peligrosa concesión a intereses contrarios al proyecto de cambio que representa el Pacto.
Protestas internas y acusaciones de traición
Diversas voces dentro del Pacto Histórico han rechazado el respaldo a Noya. El Polo Democrático en el Magdalena no tardó en desmarcarse, acusando al candidato de “oportunismo” y “doble militancia”, y aclarando que nunca fue consensuado como representante oficial del progresismo.
Dirigentes como Abraham Katime fueron más allá, calificando la coalición que rodea a Noya como “una izquierda bien derechista”, mientras el politólogo Eduardo Arias señaló una incoherencia evidente: “Noya dice ser progresista, pero lo financia el bolígrafo del Centro Democrático”.
El temor común entre los inconformes es que esta jugada fracture aún más al progresismo en el Magdalena y termine favoreciendo a sectores que históricamente han competido contra el Pacto.
Margarita Guerra: la otra cara del progresismo
Al otro lado del tablero político, Margarita Guerra, candidata de Fuerza Ciudadana, se proyecta como la opción progresista “pura”, respaldada por diversas organizaciones sociales, sindicales y de izquierda. Para muchos, representa la continuidad del caicedismo y la recuperación del cargo que, según sus seguidores, les fue arrebatado por decisiones judiciales.
Un comunicado que busca calmar aguas… y enciende más
El Pacto aclaró que su apoyo a Noya “no compromete alianzas con fuerzas opositoras al Gobierno Petro”. Sin embargo, la frase ha sido interpretada como un intento de justificar una decisión que, para analistas, ya está envuelta en contradicciones insalvables.
«Entre más explican, más se hunden», comentó un dirigente local en tono irónico, reflejando el creciente malestar dentro de la coalición.


