Si el fútbol es un espectáculo, lo que se vivió este martes en el Parque de los Príncipes no fue solo un partido: fue un asalto a los sentidos. El 5-4 con el que el Paris Saint-Germain despachó al Bayern Múnich no solo inclina la balanza de las semifinales hacia el vigente campeón; ha quedado grabado en la memoria como uno de esos encuentros que justifican por qué amamos este deporte.
Un ritmo que desafió la lógica
Nueve goles en apenas 68 minutos. Esa estadística, por sí sola, resumiría un partido de liga menor, pero en una semifinal de Champions League, es una anomalía deliciosa. Fue un duelo sin tregua, donde las defensas parecieron ser invitadas de piedra ante un ataque constante y feroz.
El PSG se sintió intocable cuando tomó ventaja de 5-2 al inicio de la segunda mitad. Con un Khvicha Kvaratskhelia en modo estelar y un Ousmane Dembélé eléctrico, el equipo de Luis Enrique parecía tener el pasaporte a la final en el bolsillo. Sin embargo, el Bayern, fiel a su ADN de gigante alemán, nunca se arrodilló.
El rugido del gigante alemán
La reacción del Bayern fue un recordatorio de que, en Europa, nadie está a salvo. El cabezazo de Dayot Upamecano puso el primer ladrillo de la remontada, pero fue el colombiano Luis Díaz quien se robó el foco con un disparo potente que silenció el estadio y dejó la eliminatoria en el filo de la navaja. Un 5-4 que sabe a poco para el Bayern, pero que les da vida suficiente para creer en el milagro.
«Nunca he vivido un partido de tal intensidad como entrenador. Nunca he visto un ritmo así, fue increíble. Hay que felicitar a todos los jugadores», confesó un Luis Enrique visiblemente impactado tras el pitazo final.
El camino a Múnich: ¿Un «infierno» prometido?
Si el partido de ida fue una exhibición de talento ofensivo, la vuelta en el Allianz Arena promete ser una guerra de trincheras. Vincent Kompany, estratega del Bayern, no se guarda nada y ya advierte lo que espera en suelo alemán.
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El escenario: 75.000 gargantas listas para convertir el Allianz en un «ambiente infernal».
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La postura: Kompany ha sido claro: «No hay término medio. Lo daremos todo».
El PSG viaja con una ventaja mínima, pero con la confianza de haber golpeado primero. Por su parte, el Bayern se aferra a su historia y a la mística de su casa para buscar la remontada. Si la vuelta se parece apenas un poco a lo visto este martes en París, estaremos ante, posiblemente, la mejor eliminatoria de la década.
El mejor partido del año no ha terminado; solo ha cambiado de escenario.

