Francia intenta cuantificar los daños provocados por una jornada de violentos disturbios que dejó al menos 1.800 personas detenidas, comercios saqueados, vehículos incendiados y edificios afectados. Los enfrentamientos se produjeron durante las protestas nacionales contra el encarecimiento de la vida y elevaron la presión política sobre el presidente Emmanuel Macron.
El balance divulgado este domingo por el ministro del Interior, Laurent Nuñez, incluye arrestos en distintas ciudades del país. En París, la Policía reportó 855 detenciones, mientras que Lyon registró otras 160. Las autoridades anunciaron investigaciones para identificar a los responsables de los actos violentos y llevarlos ante la justicia.
La capital francesa amaneció con barricadas calcinadas, vidrieras destrozadas y restos de automóviles incendiados. En varias ciudades, entre ellas Marsella, Burdeos, Niza y Estrasburgo, grupos de encapuchados saquearon establecimientos comerciales. La Federación de Comercio y Distribución calcula que al menos 1.500 negocios sufrieron daños en todo el territorio.
Un incendio destruyó el ayuntamiento histórico de Limoges
Uno de los episodios más graves ocurrió en Limoges, en el centro-oeste de Francia, donde un incendio destruyó el ayuntamiento del siglo XIX. El fuego fue controlado durante la madrugada del domingo y las autoridades locales señalaron que habría sido provocado deliberadamente.
La violencia también dejó consecuencias para las fuerzas de seguridad. El primer ministro, Sébastien Lecornu, informó que 150 policías y gendarmes resultaron heridos durante los disturbios.
En Saint-Étienne, al sur del país, un joven de 17 años perdió una mano tras la explosión de una granada lanzada por las fuerzas de seguridad, según el reporte divulgado sobre los hechos.
La Policía empleó gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los manifestantes, algunos de los cuales respondieron con lanzamiento de proyectiles y fuegos artificiales.

La crisis del costo de vida se convierte en un problema político
La movilización del sábado reunió entre 550.000 y 800.000 personas, según las cifras del Gobierno y de la Confederación General del Trabajo (CGT), respectivamente. La convocatoria se centró en el aumento del costo de vida, la inflación y las dificultades económicas que enfrentan los hogares franceses.
Sin embargo, los saqueos y los enfrentamientos abrieron una disputa política sobre la responsabilidad de los grupos que participaron en los disturbios. El Gobierno de centroderecha y Marine Le Pen, dirigente de Agrupación Nacional, señalaron a sectores de la ultraizquierda como responsables de la violencia.
Desde La Francia Insumisa, su líder rechazó que los saqueos representaran a quienes respaldaron las movilizaciones. A su vez, la vicealcaldesa socialista de París, Lamia El Aaraje, acusó al partido de Le Pen de alimentar las tensiones con fines políticos.
El analista Mujtaba Rahman, de Eurasia Group, sostuvo que las manifestaciones pacíficas contra los precios y las deficiencias del sistema educativo deben distinguirse de los actos violentos y los saqueos, que atribuyó a grupos marginales y a bandas oportunistas.
Macron prepara un mensaje en medio de la presión

La Presidencia francesa anunció que Emmanuel Macron pronunciaría un discurso a las 18:00 GMT de este domingo, después de reunirse con el primer ministro y otros integrantes del Ejecutivo.
El mandatario afronta el desafío de responder a las demandas económicas que motivaron la protesta y, al mismo tiempo, contener la violencia que se extendió por varias ciudades. La crisis también se desarrolla en un ambiente de competencia política de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
Las autoridades continúan evaluando los daños materiales y avanzando en las investigaciones. Mientras tanto, el episodio deja una pregunta central para el Gobierno francés: cómo atender el malestar por el costo de vida sin permitir que las movilizaciones terminen dominadas por los saqueos y los enfrentamientos.

