Eventos masivos y regalos, pero ¿dónde está el compromiso real con Santa Marta?

La Alcaldía de Santa Marta presentó el evento “Santa Marta Social 2026” como una demostración del compromiso del alcalde Carlos Pinedo Cuello con la población más vulnerable. Un megaencuentro con tarima, espectáculos, sorteos de electrodomésticos, mercados y regalos que, sin duda, reunió a miles de personas y generó una jornada de alegría momentánea.

Sin embargo, más allá de la narrativa oficial y del despliegue institucional, surge una pregunta inevitable entre amplios sectores de la ciudadanía: ¿este tipo de eventos reemplaza las soluciones estructurales que Santa Marta sigue esperando?

Mientras se celebran jornadas festivas y se reparten incentivos, la ciudad continúa enfrentando graves problemas de fondo: un servicio de agua potable irregular, un sistema de alcantarillado colapsado en numerosos barrios, calles destruidas, inseguridad creciente y una Essmar que sigue siendo sinónimo de crisis más que de solución. Para muchos samarios, el contraste es evidente entre el espectáculo de un día y las carencias que persisten los otros 364.

El propio discurso del alcalde, al hablar de “llevar la institucionalidad” y “cumplir con hechos”, deja abierta otra inquietud: ¿no debería la institucionalidad reflejarse primero en servicios públicos eficientes, planificación urbana y seguridad, antes que en eventos masivos? La dignificación social no puede depender únicamente de regalos o sorteos, sino de políticas públicas sostenibles que mejoren la calidad de vida de manera permanente.

Sectores ciudadanos cuestionan además el uso de recursos públicos en este tipo de actividades, cuando existen comunidades que pasan semanas sin agua, barrios enteros con calles intransitables y una percepción generalizada de abandono estatal. La inclusión social no se mide por la magnitud de un evento, sino por la capacidad de un gobierno para resolver problemas históricos.

“Santa Marta Social 2026” deja imágenes, aplausos y titulares, pero también refuerza un debate necesario: ¿está la administración distrital priorizando el fondo sobre la forma? ¿Es este el modelo de compromiso que necesita Santa Marta o solo una estrategia de impacto mediático?

La ciudad no reclama menos eventos, reclama más gestión, más resultados visibles en el día a día y un alcalde que evalúe con autocrítica el estado real de Santa Marta. Porque la verdadera transformación social no se mide por una noche de fiesta, sino por la capacidad de un gobierno para cambiar, de manera duradera, la vida de sus ciudadanos.

Economía y Finanzas

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