El adiós a Juan Guillermo Ríos contado por su hijo: “Murió como una leyenda”

El periodismo colombiano está de luto por la muerte de Juan Guillermo Ríos, reconocido periodista y expresentador, cuya trayectoria estuvo marcada por décadas de trabajo en las salas de redacción y por una defensa permanente del rigor que, según él, debía acompañar al oficio periodístico.

Tras su fallecimiento, su hijo mayor, Andrés Ríos López, habló sobre los últimos momentos de su padre, su vida profesional, las dificultades que enfrentó durante sus últimos años y el legado que deja a sus hijos, nietos y al periodismo nacional.

Según relató Andrés, Juan Guillermo Ríos murió en paz, sin dolor y acompañado por sus seres queridos en Medellín, su ciudad natal. El periodista había regresado a la capital antioqueña nueve meses atrás, después de haber vivido durante 54 años en Bogotá.

Su familia estuvo junto a él en sus últimos momentos.

“Murió en medio de aplausos, obviamente de dolor y de llanto, pero nosotros diciéndole al oído (…) que él había cumplido, que ya había ganado, que se iba como un gran ganador”, contó su hijo.

El sepelio está previsto en la Parroquia Nuestra Señora de la Consolata, en el sector de Laureles, en Medellín.

Una vida detrás de los micrófonos y las salas de redacción

Para Andrés Ríos, hablar de su padre es hablar de un hombre que prácticamente dedicó su existencia al periodismo.

Lo describió como un profesional “casado con su profesión 24 horas 7 días”, una forma de vida que también terminó involucrando a su familia.

Andrés recordó que creció entre salas de redacción, especialmente en los espacios del Noticiero de las 7 y durante aquellas extensas jornadas periodísticas que marcaron la televisión y la radio colombiana.

Desde niño tuvo contacto con figuras reconocidas del periodismo nacional como Yamid Amat, Hernán Peláez y Julio Sánchez Cristo.

Pero esa entrega absoluta al oficio también tuvo un costo familiar.

Con humor, su hijo recordó que Juan Guillermo Ríos no era precisamente un experto en las labores domésticas.

“Mi papá no sabía fritar un huevo; se le quemaba una arepa si la ponía”, contó entre risas.

Y aunque el periodismo ocupaba buena parte de su tiempo, Andrés aseguró que su padre siempre estuvo pendiente de sus hijos.

Una de las formas en que expresaba ese afecto eran las cartas que escribía para sus hijos Sebastián y Saray, y posteriormente para sus nietos.

En esos mensajes repetía algunas de las enseñanzas que consideraba fundamentales: no agachar la cabeza ante nadie y cultivar el intelecto mediante la lectura y la escritura.

Sus últimos años y el legado que dejó

Durante los últimos nueve años de su vida, Juan Guillermo Ríos permaneció bajo el cuidado de su hijo Sebastián en Bogotá, a quien Andrés describió como su “ángel de la guarda”.

Posteriormente regresó a Medellín, donde pasó sus últimos meses rodeado por su familia.

Pero además de recordar al padre, Andrés habló del periodista y de las preocupaciones que lo acompañaron durante sus últimos años.

Después de publicar su libro en 2021, Juan Guillermo Ríos comenzó a observar con preocupación la transformación que estaba experimentando el periodismo y, particularmente, la manera en que se estaba ejerciendo la reportería.

Según su hijo, le inquietaba que la reportería tradicional pudiera convertirse en una actividad “en vía de extinción”.

También cuestionaba que una persona pudiera asumirse como periodista únicamente por tener un teléfono celular, sin pasar por el proceso de formación y experiencia que, en su concepto, exigía el oficio.

Para él existía una regla que no podía negociarse: corroborar las fuentes.

Ese principio, según explicó Andrés, representaba buena parte de la filosofía profesional de su padre.

El reconocimiento que su familia todavía espera

Entre las situaciones que Juan Guillermo Ríos lamentó durante su vida estuvo no haber recibido en vida un reconocimiento a toda su trayectoria profesional.

Por esa razón, tras su fallecimiento, Andrés hizo un llamado para que su legado sea reconocido de manera póstuma.

“Pediría, por favor, que a mi papá le den el Premio Nacional de Periodismo de Vida y Obra ahora porque lo merece con creces”, manifestó.

Así, mientras familiares, colegas y amigos preparan su despedida en Medellín, queda el recuerdo de un periodista que convirtió las salas de redacción en su segundo hogar y que, de acuerdo con el testimonio de su hijo, se marchó convencido de haber cumplido con la misión que se impuso durante toda su vida.

Para su familia, no fue simplemente la despedida de un periodista.

Fue el adiós a un padre, abuelo y maestro que, en palabras de Andrés Ríos, murió como un hombre que había cumplido su propósito: como un gran ganador y como una leyenda del periodismo colombiano.

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