Castillo de Salgar: cuando la lluvia nos recuerda que el patrimonio también necesita protección

Por Álvaro Del Castillo Cabrales
Arquitecto – Guía Turístico Profesional – Vigía del Patrimonio Cultural

Las fuertes lluvias que recientemente azotaron al departamento del Atlántico volvieron a poner frente a nuestros ojos una realidad que no podemos seguir ignorando: el deterioro y la vulnerabilidad de nuestro patrimonio arquitectónico.

Fotografía tomada de Cupino Tv. Medio de comunicación/noticias independientes
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En Puerto Colombia, una de las paredes del histórico Castillo de San Antonio de Salgar colapsó como consecuencia de las intensas precipitaciones, generando preocupación entre habitantes, visitantes y quienes hemos dedicado parte de nuestra labor a conocer, proteger y divulgar el patrimonio cultural de nuestro territorio.

Fotografía tomada de Cupino Tv. Medio de comunicación/noticias independientes
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Más allá de la imagen de una pared caída, lo sucedido debería llevarnos a una reflexión: ¿qué estamos haciendo para garantizar que nuestros bienes patrimoniales puedan sobrevivir al paso del tiempo, a las condiciones ambientales y a los fenómenos naturales?

El Castillo de Salgar no es una edificación cualquiera. Es un Bien de Interés Cultural del ámbito nacional, declarado mediante la Resolución 799 del 31 de julio de 1998. Forma parte de la memoria construida que permite comprender la historia de Sabanilla, Puerto Colombia, el comercio, la navegación y las transformaciones económicas y territoriales del Atlántico.

Por eso, cuando una de sus paredes colapsa, no solamente se pierde un elemento físico de una construcción histórica. También se deteriora una parte del relato que hemos heredado.

Restaurar no es suficiente

Durante los últimos años se han realizado diferentes esfuerzos institucionales alrededor del Castillo. En 2011, la Gobernación del Atlántico entregó el inmueble en comodato a Comfamiliar con el propósito de recuperar y restaurar la edificación y convertirla en un atractivo turístico. Posteriormente, en 2022, se adelantaron trabajos de mantenimiento y restauración, además de estudios y diseños para su recuperación y funcionamiento como espacio turístico y cultural. También fue aprobado por el Sistema General de Regalías un proyecto por más de $1.615 millones.

Es decir, el Castillo no ha estado fuera de la agenda pública. Precisamente por eso, el reciente colapso debe servir para preguntarnos qué sigue.

En materia de patrimonio no basta con restaurar una edificación una vez. La conservación debe entenderse como un proceso permanente que incluya mantenimiento preventivo, monitoreo, estudios técnicos, manejo del entorno y un modelo de gestión sostenible.

El clima, la humedad, el viento, el salitre, las lluvias intensas y la erosión son factores que deben ser considerados integralmente. El propio diagnóstico ambiental del territorio ha advertido procesos relacionados con erosión costera y movimientos en masa en el sector. Por ello, cualquier intervención debe mirar más allá de los muros del Castillo y comprender también el paisaje que lo rodea.

Del monumento al territorio

En este contexto adquiere importancia una propuesta para recuperar el Castillo mediante un modelo de comodato. Convertirlo en un espacio cultural, turístico y accesible, con museo histórico, centro de interpretación, salas de exposición, espacios para artistas, gastronomía y recorridos patrimoniales.

También integrarlo a rutas como “Del Ferrocarril al Castillo”, además de recorridos naturales, paisajísticos y artísticos.

Esta visión permite entender algo fundamental: el Castillo no debe ser visto como un monumento aislado, sino como parte de un territorio patrimonial.

Llegar al Castillo debería significar también conocer la historia de Sabanilla, la Batería, el antiguo sistema ferroviario, Puerto Colombia, su muelle y la transformación de este territorio como puerta de entrada y salida del Caribe colombiano.

Como guía turístico profesional considero que un recorrido patrimonial no consiste solamente en señalar edificios y contar fechas. Consiste en establecer conexiones entre arquitectura, paisaje, comercio, navegación, infraestructura, inmigración, ferrocarril y desarrollo urbano.

El visitante no debería limitarse a contemplar el paisaje desde el acantilado. Debe poder comprenderlo.

Una oportunidad para hacer las cosas de otra manera

La propuesta debe contemplar además un componente de accesibilidad universal, con rampas, señalización táctil, Braille, pictogramas, materiales audiovisuales y formación de guías en Lengua de Señas Colombiana. El patrimonio debe ser, ante todo, un derecho cultural accesible para todos.

Sin embargo, cualquier proyecto que se adelante en el Castillo debe partir de una condición fundamental: su valor patrimonial debe estar por encima de cualquier modelo de explotación comercial.

La actividad turística, gastronómica, artística o de eventos puede contribuir a la sostenibilidad económica del inmueble, pero debe estar subordinada a su conservación, a sus valores históricos y arquitectónicos y a las autorizaciones y criterios técnicos correspondientes para un Bien de Interés Cultural del ámbito nacional.

El turismo debe ayudar a conservar el patrimonio, no convertirlo en una víctima del turismo.

La pared que cayó debe convertirse en una señal

Hoy la pared caída del Castillo puede convertirse simplemente en una noticia que desaparezca cuando terminen las lluvias. O puede convertirse en una señal de alerta.

Una señal que nos recuerde que el patrimonio necesita mantenimiento permanente; que los estudios deben convertirse en obras; que las obras necesitan seguimiento; que la restauración debe estar acompañada de gestión y que la comunidad debe ser parte activa de ese proceso.

El Castillo de Salgar tiene la posibilidad de convertirse nuevamente en uno de los grandes referentes culturales y turísticos del Atlántico. Pero para lograrlo no basta con recuperar su apariencia. Hay que recuperar su significado.

Conservar el patrimonio no significa congelarlo en el tiempo. Significa permitir que siga hablando con las nuevas generaciones.

El reciente colapso de una de sus paredes debe servirnos para actuar antes de que otra parte de nuestra historia desaparezca.

El Castillo de Salgar necesita una nueva oportunidad, pero sobre todo necesita una visión de largo plazo, en la que arquitectura, patrimonio, cultura, turismo, medio ambiente y comunidad trabajen juntos.

Economía y Finanzas

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