Una reflexión técnica sobre conservación, reutilización adaptativa y las posibilidades de la Casa Laskar como nuevo equipamiento cultural de Puerto Colombia.
Por Álvaro Del Castillo Cabrales
Arquitecto / Vigía del Patrimonio Cultural / Guía Turístico Profesional
La reciente inauguración de la Casa Laskar como centro cultural de Puerto Colombia representa una oportunidad para fortalecer la vida artística, recuperar la memoria arquitectónica y ampliar la oferta cultural del municipio. La recuperación de este inmueble, reconocido como Bien de Interés Cultural del ámbito municipal, plantea, sin embargo, una reflexión que trasciende la ejecución de las obras: ¿cómo garantizar que la recuperación física de una edificación patrimonial se traduzca en una conservación sostenible, una apropiación social efectiva y una infraestructura verdaderamente adecuada para las prácticas culturales contemporáneas?
Desde la arquitectura de conservación, la respuesta exige comprender que restaurar no significa únicamente reparar muros, recuperar fachadas o renovar acabados. Significa preservar los valores históricos y arquitectónicos del inmueble, reconocer sus transformaciones y adaptarlo a nuevos usos sin desvirtuar su autenticidad.

La Carta de Venecia de 1964, referente internacional de la conservación monumental, establece en su artículo 9 que la restauración debe fundamentarse en el respeto por los elementos auténticos y detenerse allí donde comienza la hipótesis, evitando reconstrucciones sustentadas en suposiciones. Cuando faltan fotografías o planos históricos de los interiores, no resulta técnicamente apropiado inventar molduras, yeserías, carpinterías o distribuciones antiguas sin evidencias. La intervención debe distinguir lo documentado de lo hipotético y evitar el denominado falso histórico: presentar como original aquello que carece de respaldo documental.
Antes de proponer nuevas intervenciones, es fundamental estudiar la edificación mediante la arqueología de la arquitectura. El análisis estratigráfico de pinturas y estucos, las calas exploratorias autorizadas, la lectura de muros y elementos constructivos y el diagnóstico de materiales permiten identificar etapas históricas, acabados ocultos y modificaciones posteriores. La eventual eliminación de divisiones, falsos techos o revestimientos debe estar precedida por una evaluación de su antigüedad, función y repercusión sobre el inmueble. Retirar elementos recientes no siempre significa recuperar lo original.

Las nuevas instalaciones y los equipamientos indispensables pueden resolverse mediante un lenguaje contemporáneo, compatible y claramente diferenciable de la arquitectura histórica. El acero, el vidrio y otros materiales actuales pueden ser apropiados para divisiones, escaleras o soportes, siempre que su incorporación no comprometa los valores patrimoniales. La reversibilidad, la mínima afectación y la honestidad constructiva deben orientar estas decisiones.
La diferenciación entre lo antiguo y lo nuevo debe ser clara, pero no agresiva. No se trata de introducir un contraste por razones estéticas, sino de permitir que el visitante comprenda las distintas temporalidades de la arquitectura.
A su vez, la reversibilidad constituye un criterio deseable: las intervenciones nuevas deberían poder retirarse o modificarse, cuando sea técnica y materialmente viable, sin ocasionar daños innecesarios a la fábrica histórica. Este principio requiere especial cuidado al instalar redes eléctricas, equipos de climatización, rieles de iluminación y sistemas de montaje para exposiciones.
En cuanto a los pisos, revestimientos y carpinterías, la reposición debe fundamentarse en evidencia documental o material. Si no existe información suficiente para reconstruir un acabado desaparecido, una solución contemporánea sobria y compatible puede ser más rigurosa que una imitación estilística.
La arquitectura patrimonial no necesita fingir que permanece congelada en el tiempo. Necesita demostrar que puede evolucionar sin perder su identidad.

La inauguración de la Casa Laskar como centro cultural abre una nueva etapa para el inmueble. Según la configuración funcional, dispone de un salón principal con recepción y espacio museal, un salón adicional destinado a charlas o conferencias, patio interior, bodega, cocina y servicios sanitarios.
Esta organización ofrece una base para desarrollar actividades de divulgación patrimonial, encuentros ciudadanos, presentaciones, talleres y exposiciones. Sin embargo, la adecuación de una casa histórica para usos culturales exige evaluar las necesidades específicas de cada actividad y no limitarse a disponer de espacios libres.

Uno de los aspectos que merece atención es la infraestructura para las artes plásticas. La ausencia de un sistema especializado de iluminación y de elementos de montaje, como rieles expositivos, puede limitar las posibilidades de presentar obras de manera flexible y profesional.
La conservación del patrimonio construido requiere recursos, mantenimiento y una relación constante con la sociedad. Por esta razón, la reutilización adaptativa constituye una estrategia relevante para prolongar la vida útil de las edificaciones históricas.

Este enfoque consiste en asignar nuevos usos a estructuras existentes, aprovechando sus condiciones espaciales y constructivas, sin desconocer sus valores culturales. En Puerto Colombia pueden reconocerse experiencias de reutilización con funciones diferentes, como Villa Morroa, hoy Villa Macías, vinculada a la actividad gastronómica; la antigua Estación del Ferrocarril de Bolívar, utilizada como espacio cultural por la Fundación Puerto Colombia; y la antigua casa que perteneció a Clímaco Villa (Ingeniero encargado de las obras del antiguo muelle), que tuvo anteriormente una etapa de funcionamiento como Museo Centro Histórico de Puerto Colombia; y la propia Casa Laskar, hoy nuevo Centro Cultural.

Cada experiencia tiene particularidades que deben estudiarse de manera individual. No obstante, todas permiten reflexionar sobre una cuestión central: la permanencia de un edificio histórico depende tanto de su conservación material como de su capacidad para integrarse a la vida contemporánea.

La reutilización adaptativa no debe confundirse con la explotación comercial sin restricciones. Un restaurante, una galería, un centro de formación o un espacio cultural pueden contribuir a la sostenibilidad de un inmueble, siempre que las exigencias del nuevo uso no comprometan sus valores patrimoniales.

La Casa Laskar puede consolidarse como escenario de exposiciones, formación artística, investigación, encuentros comunitarios y turismo cultural. Para ello requiere una programación permanente, recursos de funcionamiento, mantenimiento preventivo, alianzas institucionales y participación ciudadana. Su integración a los recorridos históricos y arquitectónicos del municipio permitiría relacionar la memoria del edificio con la evolución urbana y cultural de Puerto Colombia.
Las intervenciones futuras deben cumplir la normativa colombiana de patrimonio, incluida la Ley 1185 de 2008, verificando el acto de declaratoria y la autoridad competente según el ámbito de protección. Las autorizaciones patrimoniales exigibles no se sustituyen por una licencia urbanística ordinaria. Por ello, cualquier modificación debe ajustarse a las disposiciones aplicables y contar con los estudios y permisos correspondientes.
La recuperación de una casa patrimonial constituye un paso importante, el rescate de una parte de la memoria colectiva, pero la sostenibilidad del proyecto dependerá de la articulación entre conservación material, adecuación funcional, gestión cultural y apropiación social. El reto consiste en garantizar espacios técnicamente adecuados para las actividades culturales, sin comprometer la autenticidad arquitectónica del inmueble.

