Una bandera blanca con las palabras “Ayuda, SOS” se convirtió en la señal de auxilio de una familia campesina de Ansermanuevo, Valle del Cauca, que permanece en una vivienda gravemente afectada por el terremoto de magnitud 7,4 registrado el pasado lunes.
En las zonas rurales de Ansermanuevo y El Cairo, varios habitantes aseguran que, pese a la gravedad de los daños, todavía esperan una visita de las autoridades para evaluar sus viviendas y determinar si pueden permanecer en ellas o deben evacuarlas.
La situación mantiene en incertidumbre a numerosas familias que, además de haber perdido parte de sus casas, dependen de ellas para desarrollar sus actividades económicas.
Uno de los casos es el de Milton Puentes Barahona, quien vive con su esposa y su hijo en el sector Los Mudos, de la vereda Las Brisas, en Ansermanuevo. Después del fuerte movimiento sísmico, decidió instalar una bandera blanca para hacer visible la necesidad de ayuda.
El techo de su vivienda presenta daños importantes, mientras varias partes del cielorraso quedaron desprendidas. La familia, sin embargo, continúa allí a la espera de que una autoridad o un profesional determine si la estructura representa un peligro.
“La casa quedó prácticamente destruida”, relató Puentes, quien recordó el temor que experimentaron durante el terremoto.
La vivienda también representa su principal fuente de ingresos, pues allí funciona un espacio dedicado a la pesca deportiva y al hospedaje de viajeros que se movilizan por la zona.
Según explicó, las primeras ayudas han llegado principalmente de personas que transitan por la carretera entre Ansermanuevo y El Cairo.
“Pasan carros y nos dan una libra de arroz, es lo único que por ahí hemos recibido”, contó el campesino, quien aseguró que necesitan materiales, especialmente láminas de zinc, para reparar el techo.



Su hijo Óscar reconoce que antes de tomar cualquier decisión sobre permanecer en la vivienda necesitan el concepto de un ingeniero que determine el estado de la estructura.
En otro punto de la zona rural, el panorama es todavía más preocupante. En el Parador La Ribera, las palabras “Peligro” y “Precaución” fueron pintadas en las paredes exteriores de una edificación que quedó seriamente comprometida tras el terremoto.
Johanna Castañeda, propietaria del lugar, contó que se encontraba junto a cinco familiares cuando ocurrió el fuerte movimiento. Todos tuvieron que salir rápidamente de la vivienda y refugiarse en un punto cercano mientras pasaba el temblor.
La familia considera que el inmueble podría estar en riesgo de colapso, pero hasta el momento, según su testimonio, no han recibido una inspección oficial que determine si debe ser demolido o si existe alguna posibilidad de recuperación.
Por seguridad, los integrantes de la familia se están quedando temporalmente en la vivienda de unos familiares en Cartago. Sin embargo, regresan diariamente al lugar afectado para vigilar las pocas pertenencias que lograron conservar.
“Que vengan a la zona rural”, es el llamado que hacen los habitantes a las autoridades, quienes reclaman que la emergencia no se concentre únicamente en los cascos urbanos.
Desde El Cairo, el alcalde encargado, Carlos Alberto Correa, reconoció que la capacidad institucional se encuentra sobrepasada por la magnitud de la emergencia y explicó que inicialmente los esfuerzos se han concentrado en realizar el censo de las zonas urbanas, que también presentan graves afectaciones.
El funcionario aseguró que se están enviando ayudas humanitarias a los campesinos y manifestó que posteriormente se espera avanzar con la evaluación de las viviendas ubicadas en las áreas rurales.
Mientras tanto, las familias campesinas continúan viviendo entre paredes agrietadas, techos destruidos y estructuras que generan incertidumbre. Para ellas, la emergencia todavía no termina: necesitan saber si sus hogares son seguros, recibir materiales para reconstruir y recuperar las actividades económicas que quedaron paralizadas después del terremoto.

