Lo que muchos daban por descontado como un trámite cómodo para la vigente campeona del mundo terminó convirtiéndose en una auténtica prueba de resistencia. Argentina tuvo que exigirse hasta el tiempo suplementario para derrotar 3-2 a una sorprendente selección de Cabo Verde, que estuvo muy cerca de firmar una de las mayores sorpresas del torneo.
Desde el inicio del compromiso, el equipo africano dejó claro que no venía a ser comparsa. Con orden táctico, líneas bien compactas y transiciones rápidas, Cabo Verde incomodó constantemente a una Argentina que no logró imponer su ritmo habitual. La presión alta y la intensidad en la marca generaron errores en la salida del conjunto sudamericano, que lució por momentos desconectado en la generación de juego.

El desarrollo del partido fue parejo y cambiante. Argentina intentó responder a través de individualidades, pero se encontró con un bloque defensivo sólido y un rival que no renunció nunca al ataque. Cabo Verde, con personalidad y sin complejos, aprovechó los espacios y logró mantener el marcador igualado tras los 90 minutos, llevando el duelo a la prórroga con un 2-2 que reflejaba lo ocurrido en el campo.
En el tiempo extra, el desgaste físico terminó inclinando la balanza. Argentina, con mayor jerarquía y experiencia en este tipo de instancias, logró encontrar el espacio decisivo para marcar el 3-2 definitivo, un gol que significó alivio más que celebración.
Pese a la eliminación, Cabo Verde se retiró del torneo entre aplausos, ganándose el respeto por su valentía y competitividad ante una potencia mundial. Para Argentina, el triunfo deja la clasificación asegurada, pero también una advertencia clara: en este nivel, ningún partido se puede dar por ganado antes de jugarse.

