Las recientes actuaciones del alcalde encargado Pinedo, designado por decisión judicial, vuelven a encender las alarmas sobre el rumbo administrativo y político de la ciudad. Decisiones tardías, obras inconclusas y prioridades cuestionables alimentan una creciente inconformidad ciudadana que hoy se traduce en una pregunta central: ¿está gobernando para la ciudad o para intereses políticos específicos?
Uno de los casos más visibles es el de la calle 30, que estuvo a punto de convertirse en otro elefante blanco, similar al recordado puesto de salud de Gaira, símbolo del abandono y la mala planificación. Solo la presión de un frente frío y el evidente deterioro obligaron a intervenir la vía, cuando el daño ya estaba hecho. El resultado: una obra más costosa, ejecutada a las carreras y sin claridad sobre la planeación previa.
¿Por qué se esperó a que la situación fuera crítica para actuar?

Mientras tanto, en la carrera quinta, los quioscos sí están siendo desmontados con rapidez. La pregunta es inevitable: ¿por qué hay celeridad para unos sectores y negligencia para otros? ¿Responde esta selectividad a criterios técnicos o a decisiones arbitrarias que siguen afectando la economía popular y el orden urbano?
A esto se suma la evidente preocupación del alcalde Pinedo por el escenario político nacional. En particular, la posible curul de Chadan Rosado a la Cámara de Representantes por el Centro Democrático, partido señalado por amplios sectores de haber bloqueado reformas políticas y sociales que buscan favorecer a las mayorías.






¿Está el mandatario más enfocado en mover fichas políticas que en resolver los problemas estructurales de la ciudad?
Las dudas se acumulan y el malestar crece. La ciudad no necesita improvisaciones ni cálculos electorales, sino decisiones responsables, transparentes y coherentes. Hoy, más que nunca, la ciudadanía exige respuestas claras:

