Por Ulises Redondo Cienfuegos
Estamos adportas del Mundial de Fútbol. En los escenarios deportivos de Canadá, Estados Unidos y Méjico, actuarán 48 selecciones nacionales, algunas pocas de élite, otras de mediano calibre, la mayoría mediocres.
Ese es el fútbol de hoy, un negocio multimillonario en tiempos de la mediocridad en masa, donde la pompa oculta la estupidez, el marketing reemplaza a la calidad y la publicidad a la planeación.
Colombia, hará parte del show. Y desde ya los periodistas que se lucran ilusionando a los hinchas también montan su espectáculo mediático-circense. Venden humo. Se creen estrategas al mejor estilo de Guardiola o Ancelotti y hablan con tanta “seriedad” que ni siquiera se sonrojan al decir mentiras. Algunos quieren hacer creer que «La Tricolor» puede competir de tú a tú con seleccionados de élite. No faltan los que insinúan que puede estar, al menos, en las semifinales. No culpo a los periodistas. Ese es su oficio. Aquí incluimos a ex futbolistas y ex directores técnicos que fungen como periodistas, no hay ley que lo prohíba, pero deberían tener cuidado, por su reputación, porque no se sabe con certeza cuál es el límite de la mentira. No obstante, mentir acarrea riegos, porque el periodista defiende la mentira de otro como suya y al hacerlo protege al autor y compromete su buen nombre, si lo tiene. La mentira es un producto intangible costosísimo. Rara vez, el empresario sufre el escarnio que suscita la mentira.
En los negocios multimillonarios se miente para ganar mucho. En el negocio del fútbol y las noticias el oficio del periodista es reproducir y amplificar la mentira para ganar un salario.
Volvamos al asunto de la selección. La verdad es otra. La mayoría de los jugadores ya tocaron techo. Su talento ya no crecerá más. Salvo, Luís Díaz (29 A.) El mercado de transferencias es una prueba. Después de la Copa América (2024) donde el seleccionado colombiano fue subcampeón, ninguno de ellos, salvo Díaz, fue protagonista en la oferta y demanda, de equipos élite, en el mercado mundial de transferencias. Es bueno resaltar que los jugadores del campeón, Argentina, no concentraron su interés, únicamente, en ganar la Copa América, también fue la oportunidad para ir de compras, bañarse en las playas de Miami y pasarla de relax en Disney World.
Los juegos de preparación ante Croacia y Francia desnudaron la triste realidad. Luego, recurren a otra mentira: “Hay tiempo para mejorar”. No es cuestión de tiempo sino de talento. El tiempo es infinito, el talento no. Hace mucho tiempo, Dios lanzó los dados. Lo que si permite el tiempo es poder planificar: salir en busca del talento de los niños, y luego procesar el talento: seleccionar, cuidar, pulir, asesorar psicológicamente y disciplinar…¡Utopía!… En Colombia sí.
Seguimos: C. Vargas (37 A.), Muñoz (29 A.) D. Sánchez (29 A.), J. Lucumí (27 A.) Y. Mina (31 A.), J. Mujica (33 A.), J. Lerma (31 A.) se estancaron y mantuvieron en los mismos equipos de mediana calidad. R. Ríos (25 A.) pasó al Benfica, que es casi lo mismo (en cuanto a competitividad) que jugar en su antiguo club Palmeiras. J. Arias (28 A.) fue transferido al Wolverhampton de la Premier League en dónde fracasó y tuvo que regresar al campeonato brasilero. K. Castaño (25 A.) llegó del futbol ruso al Rivera Plate del fútbol argentino que ha decaído notablemente en competitividad. J. F. Quintero (33 A.), compañero de equipo de Castaño, no pasa del River. James Rodríguez (34 A.) viene en decadencia y a duras penas logro que lo fichara el Minnesota United Football Club, en la irrelevante liga de Estados Unidos. D. Ospina (37 A.) llegó a quemar sus últimos cartuchos en Atlético Nacional de Colombia. J. Córdova (32 A.) estancado en el Krasnodar del mediocre fútbol ruso. A. Montero, a sus 31 años recientemente fue transferido al Vélez de Argentina, J. Carrascal (27 A.), transferido del futbol ruso al Flamengo de Brasil, mejoró el entorno competitivo, pero llegó para ser suplente. L. Suárez (27 A.), llegó de la Segunda División de España, al Sporting de Portugal y aunque mejoró su entorno competitivo, no es mucha la diferencia. R. Borré (30 A.), es eterno suplente en el Internacional de Brasil.
El talento es fundamental, pero no abunda. En los clubes top de las tres ligas profesionales que destacan por su excelencia: Primer League (Inglaterra), La Liga (España) y Bundesliga (Alemania) están los talentosos y, el talento, tiene clases y medidas, máximas y medianas. La mejor forma de comparar el valor del talento, es por el precio. No todo lo que brilla es oro y, hay metales más valiosos que el oro. Dependiendo del brillo sabremos de la calidad, conociendo la calidad sabremos el valor, conociendo el valor sobremos el precio y conociendo el precio podremos exigir más o menos de acuerdo a las circunstancias.
La generación de jóvenes, con relativa experiencia en selección, no deslumbra, escasea y no promete mucho. Tal vez ni alcancen el mediano techo de sus antecesores. G. Puerta (22 A.), Y. Asprilla (22 A.) Campaz (25 A.) C. Gómez (22 A.), deambulan por inercia en la medianía. Entre tanto, J. Durán (22 A.), es un loco con excepcional talento, pero indomable.
La generación de jóvenes que pudiera reemplazarlos en el futuro inmediato no se ve ni en las clarividencias de la astróloga, tarotista y vidente cubana Mhoni.
No se dejen engañar por periodistas “culebreros”, mentirosos baratos. Siendo optimistas, Colombia avanzará, sufriendo, hasta la segunda fase.

