Por: José Ríos Mercado – Comunicador Social y PeriodistaTwitter: @JoseRiosMercado
A pocos días del cambio de Gobierno, el panorama de nuestro país en diferentes ámbitos no es el más alentador. El deterioro fiscal, el rezago económico en diferentes campos, la inoperancia y el descalabro financiero del sistema de salud, y la inseguridad desbordada en todo el territorio nacional a manos de grupos armados y bandas delincuenciales, son algunos de los incendios que el nuevo Presidente deberá atender para que la “Patria Milagro” que prometió en campaña, empiece a materializarse. La amenaza latente de un racionamiento de energía por causa del fenómeno de “El Niño” y proyectado para el 2027, es otra de las crisis que desde hace meses inició un recorrido sin retorno, y que también le tocará encarar al nuevo mandatario.
Según el informe Coyuntura y Perspectivas de la Economía colombiana de la Universidad EAFIT, socializado en mayo del presente año, el país enfrenta un momento económico marcado por tensiones internacionales, presiones fiscales internas y un crecimiento que sigue mostrando señales de fragilidad. La incertidumbre derivada de los conflictos en Medio Oriente y las consecuencias de estas confrontaciones bélicas sobre los mercados internacionales, reflejadas en el alza de los precios del petróleo y otras materias primas, ha conllevado a una desaceleración de las economías más poderosas como la de los Estados Unidos -nuestro “principal” aliado comercial-, con el que debemos recomponer nuestras relaciones diplomáticas.
Desde que asumieron como mandatarios, el relacionamiento entre Donald Trump y Gustavo Petro ha estado marcado por la distancia ideológica y las posturas radicales frente a asuntos como: el conflicto en Gaza, el régimen arancelario, la batalla contra el narcotráfico, la crisis política en Venezuela, las políticas migratorias, entre otros. Si bien sus diferencias se zanjaron durante el encuentro “relámpago” que sostuvieron en febrero de 2026 en Washington, el clima de “aparente” armonía y cordialidad afronta hoy una nueva tensión tras la imposición reciente de un arancel del 12,5% a un tercio de las exportaciones colombianas, medida adoptada por la administración estadounidense por la falta de controles efectivos contra el trabajo forzoso.
Como si fuera poco las finanzas del país penden de un hilo por causa del déficit fiscal enorme generado por el desmedido gasto público frente a los ingresos del Estado, el aumento de la deuda y el encarecimiento del financiamiento soberano, grilletes que nuestra economía ha tenido que arrastrar en el último tiempo. Según un análisis de The Economist, Colombia tendrá el tercer mayor déficit fiscal entre 43 economías en 2026, alcanzando el 6,6% del PIB, situando al país con el tercer mayor desbalance presupuestario a nivel global (solo por detrás de Brasil (7,3%) y Polonia (7%), superando la meta oficial del Marco Fiscal de Mediano Plazo. Para los expertos, un plan de choque es inaplazable, sin olvidar la reactivación inmediata de sectores que puedan generar divisas.
El Ministro de Hacienda entrante, Miguel Gómez, advirtió que el recorte del gasto público de 60 billones de pesos, será una de las medidas urgentes a tomar para afrontar una de las crisis fiscales más complejas de los últimos años. La reducción del déficit al 3% del PIB mediante austeridad y la reducción real del tamaño del Estado, deben ser los otros escenarios a tener en cuenta por el Gobierno entrante para empezar con el saneamiento de las finanzas públicas. Si bien el DANE reportó que el Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) creció un 4,1% en mayo de 2026, impulsado por actividades como: el comercio, el transporte y los servicios, sectores como: la agricultura, la construcción, la industria y la minería, siguen a la espera de los estímulos y el reconocimiento que nunca recibieron por parte del Gobierno saliente.

