¿Por qué le arrebatan la vida a quien solo servía? La muerte de una costurera revive la alarma por violencia contra mujeres en el Atlántico

La indignación crece en Baranoa tras el asesinato de Maribis del Socorro Escobar González, una mujer de 56 años que dedicó su vida a servir a su comunidad como costurera. Su historia, lejos de ser un hecho aislado, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta urgente y dolorosa: ¿qué está pasando en el Atlántico que están matando a las mujeres?

Maribis no era una figura pública, ni estaba vinculada a estructuras criminales. Era una trabajadora, conocida por sus vecinos en el barrio Ciudadela La Paz por su oficio y su disposición de ayudar. Sin embargo, fue asesinada dentro de su propia vivienda, engañada por sicarios que llegaron con la excusa de comprar hielo. Su muerte fue inmediata. A su lado quedó el hielo que nunca alcanzó a entregar.

El crimen no solo estremeció a Baranoa, sino que volvió a encender las alarmas en todo el departamento. Según cifras reveladas por Ruth Pareja, integrante de la Mesa Amplia de Mujeres, hasta el 24 de marzo de 2026 ya se contabilizaban 21 mujeres asesinadas en el Atlántico. Una cifra que no puede normalizarse.

La pregunta no es solo quién disparó. La pregunta de fondo es por qué. ¿Qué tipo de violencia se está incubando en los territorios para que mujeres, muchas de ellas trabajadoras, madres y lideresas silenciosas de sus comunidades, estén siendo blanco de ataques tan crueles?

Sicarios asesinan a mujer en su propia casa en Baranoa: sector en alerta

Más preocupante aún es el silencio o la falta de respuestas claras. Las autoridades, hasta ahora, no han esclarecido los móviles del crimen de Maribis. Tampoco hay una narrativa contundente que explique el incremento de estos hechos ni una estrategia visible que logre contenerlos.

Cada caso parece diluirse en la rutina informativa: una víctima más, otro titular, otro expediente. Pero detrás de cada cifra hay una historia, una familia rota, una comunidad golpeada. Y en este caso, una mujer que vivía de coser sueños ajenos, terminó siendo víctima de una violencia que no distingue edad ni oficio.

¿Se está fallando en la prevención? ¿Dónde están las alertas tempranas? ¿Qué está haciendo el Estado para proteger a las mujeres en riesgo? Las respuestas no pueden seguir postergándose mientras la lista de víctimas sigue creciendo.

El asesinato de Maribis no puede quedar en la impunidad ni en el olvido. Su muerte debe ser un punto de quiebre para exigir acciones concretas, investigaciones serias y políticas efectivas que frenen esta ola de violencia.

Porque cuando matan a una mujer que solo servía a su comunidad, lo que está fallando no es solo la seguridad: es toda la sociedad.

Economía y Finanzas

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