El fútbol tiene memoria y, a veces, una hermosa forma de hacer justicia. Veinticuatro años después de aquella dolorosa eliminación en el Mundial 2002 por el gol agónico de Oliver Neuville, Paraguay se cobró su revancha más dulce. En una noche que exigió hasta la última gota de sudor, valentía y sufrimiento, la Albirroja de Gustavo Alfaro resistió el asedio de la tetracampeona del mundo, aguantó 120 minutos de infarto (1-1) y terminó sellando una clasificación heroica a los octavos de final del Mundial 2026 desde los doce pasos (3-4).
El plan Alfaro y el zarpazo de Enciso
Desde la previa, el libreto paraguayo estaba escrito sobre piedra: defender con el alma y contragolpear con veneno. Aunque Júnior Alonso avisó a los dos minutos obligando a Manuel Neuer a estirarse en el partido que lo convertía en el alemán con más presencias mundialistas (23), la primera mitad fue un monólogo de posesión germana. Con un asfixiante 79% de dominio, los dirigidos por Julian Nagelsmann movieron el balón de lado a lado, pero chocaron una y otra vez contra un muro guaraní inquebrantable.
El premio a la disciplina llegó al borde del descanso, en el minuto 42. Miguel Almirón —que regresaba con sed de revancha tras su suspensión— ejecutó un córner cerrado que Neuer despejó a medias. Tras una milagrosa barrida defensiva de Damián Bobadilla que cortó la contra alemana, la pelota regresó a los pies de Almirón, quien abrió por derecha para Matías Galarza. El centro quirúrgico encontró la cabeza de Julio Enciso, quien giró el cuello con maestría para colocar el 0-1 al palo cambiado. Eficiencia pura: dos remates al arco, un gol.

Resistencia, el VAR y el milagro de Gill
La reacción alemana no se hizo esperar en el complemento. Al minuto 55, la sociedad del Arsenal y el Bayern dio frutos: centro medido de Joshua Kimmich y un sutil testarazo de Kai Havertz para poner las tablas (1-1). A partir de ahí, el partido se convirtió en un ejercicio de supervivencia extrema para Paraguay. Orlando Gill, el guardián bajo los tres palos, empezó a vestirse de héroe al ahogar un nuevo grito de Havertz en el 77.
La prórroga elevó las pulsaciones al límite. En el minuto 102, el drama rozó la tragedia para los sudamericanos cuando Jonathan Tah mandó a guardar el balón en la red tras un tiro de esquina. Alemania ya celebraba la clasificación, pero el destino guardaba un giro de guion: el llamado del VAR al juez marroquí Jalal Jayed. En la pantalla se hizo evidente lo que el fervor del juego ocultó: una clara obstrucción de Waldemar Anton sobre el arquero Gill. Gol anulado. La épica seguía viva.
La lotería de los penales y la gloria de Canale
Tras 120 minutos de pura resistencia paraguaya ante un rival que solo pudo rematar seis veces al arco, la definición se trasladó al punto blanco.
La tanda fue una montaña rusa de emociones. Orlando Gill agigantó su figura tapando dos cobros alemanes, dándole una ventaja de oro a la Albirroja. Sin embargo, los nervios le jugaron una mala pasada a los pateadores guaraníes, incluyendo a Fabián Balbuena, quien falló su oportunidad de sentenciar.
En la muerte súbita, con la tensión cortándose con un hilo, el alemán Jonathan Tah mandó su remate a las nubes. La gloria quedó servida en la bota de José Canale, quien con una frialdad de hielo batió a Neuer para desatar la locura colectiva en Asunción y en cada rincón paraguayo.
El próximo 4 de julio, en Filadelfia, esta indomable Albirroja buscará seguir haciendo historia ante el ganador del duelo entre Francia y Suecia. El sueño sigue vivo.

