Metástasis criminal: Cómo el Atlántico se convirtió en el nuevo tablero de la violencia

Por años, el conflicto y las grandes mafias parecían un asunto exclusivo de Barranquilla y su cinturón metropolitano. Hoy, el mapa de la delincuencia se ha redibujado: las fronteras de la tranquilidad en los municipios del departamento se desvanecen ante una silenciosa pero voraz expansión territorial.

El Atlántico rural y municipal, ese que durante décadas se percibió como un remanso de paz ajeno a las grandes dinámicas del crimen organizado, asiste hoy a una mutación drástica de su seguridad. Los homicidios en calles tradicionalmente tranquilas, las extorsiones a pequeños comerciantes locales y las demostraciones públicas de violencia ya no son noticias exclusivas de la capital. La criminalidad ha roto su propio cerco.

Para entender cómo se llegó a este punto, es necesario mirar hacia atrás. La historia reciente del departamento demuestra que el territorio siempre ha sido estratégico, aunque los actores y sus métodos hayan cambiado. Según explica Luis Fernando Trejos, investigador, docente universitario y experto en seguridad, el departamento ha vivido oleadas sucesivas donde el narcotráfico, el paramilitarismo y las bandas criminales han mutado para controlar economías ilegales.

“El Atlántico ha sido escenario de estructuras del crimen organizado en distintos momentos. Primero se asentaron los marimberos guajiros, luego los capos del Norte del Valle y posteriormente el Cartel de la Costa. Estas tres organizaciones tenían algo en común: su centro de gravedad era Barranquilla”, señala Trejos.

Sin embargo, el panorama se complejizó con la llegada de actores armados con proyección político-militar: la red urbana ‘José Antequera’ de las antiguas FARC, el ELN y, de forma más agresiva, el Frente José Pablo Díaz de las Autodefensas. Estos últimos no solo controlaron administraciones locales como la de Soledad, sino que dejaron cicatrices profundas en la zona costera (Puerto Colombia y Juan de Acosta) y en la banda Oriental, recordando episodios trágicos como el asesinato del alcalde de Palmar de Varela por negarse a ceder la contratación de la salud, o la toma guerrillera de Manatí por el EPL en 1989.

Pero lo que ocurre hoy responde a una lógica distinta: una migración forzada y estratégica del delito.

Los dos puntos de quiebre de la nueva era violenta

En la historia reciente de esta expansión, el profesor Trejos identifica dos hitos clave que explican por qué la violencia empacó maletas y abandonó la capital para instalarse en las provincias.

1. El ‘Efecto Globo’ tras la masacre de Las Flores (2022)

El primer punto de inflexión ocurrió en septiembre de 2022 con la masacre en el barrio Las Flores de Barranquilla, donde seis personas fueron asesinadas en un estadero. La contundente respuesta institucional y la captura de fichas clave de las bandas ‘Los Costeños’ y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) generaron una fuerte presión en el casco urbano.

Al verse acorraladas, estas estructuras aplicaron la física criminal del «efecto globo»: presionados en Barranquilla, desplazaron sus operaciones hacia municipios vecinos como Soledad y Malambo (vía Oriental), donde la resistencia de las autoridades era menor. El resultado inmediato fue el disparo de los homicidios y la extorsión en el área metropolitana.

2. La tregua que mudó el negocio a las carreteras

El segundo hito, y quizás el más paradójico, ocurrió entre septiembre de 2025 y enero de 2026. Durante esos meses, las dos organizaciones que se disputan las rentas ilegales a sangre y fuego en Barranquilla, ‘Los Costeños’ (liderados por alias ‘Castor’) y ‘Los Pepes’ (bajo el mando de Digno Palomino), pactaron una supuesta tregua para disminuir los índices de violencia en la capital y avanzar en acercamientos con el Gobierno Nacional.

Sin embargo, los negocios criminales no se detienen; solo se mudan de barrio. Mientras la capital respiraba un aire de tensa calma, las bandas trasladaron sus tentáculos hacia los dos ejes viales más importantes del departamento: la Cordialidad y la vía Oriental.

  • Eje de la Cordialidad: Municipios como Galapa y Baranoa vivieron un incremento dramático de homicidios. La situación en Baranoa fue tan crítica en diciembre pasado que su alcalde tuvo que solicitar la militarización del municipio. Sabanalarga también comenzó a reportar alarmantes brotes de violencia.

  • Eje de la Vía Oriental: Sabanagrande se convirtió en el epicentro del drama a inicios de este año, cuando su mandatario local no solo pidió apoyo del Ejército, sino que denunció públicamente ser víctima de amenazas y extorsiones directas. El fenómeno se replicó con fuerza en Santo Tomás y Palmar de Varela, extendiéndose incluso hasta el sur del departamento, en zonas como Repelón, históricamente pacíficas.

Las fachadas del delito: Grupos «alter ego»

Esta expansión territorial trajo consigo una estrategia de camuflaje. Para mantener los acercamientos de paz con el gobierno sin asfixiar sus finanzas, las bandas locales optaron por tercerizar y diversificar sus nombres.

“Crean estos grupos alter ego, que son una especie de bandas de papel. Todo el mundo sabe que son los mismos, pero usan otras marcas”, advierte Trejos. Es el caso de ‘Los Costeños’, que operan bajo la fachada del Bloque Residencia Caribe, o de ‘Los Pepes’, que ejecutan acciones bajo el nombre de ‘La Mano Negra’.

El objetivo es sencillo: delinquir en los municipios periféricos —donde las alcaldías locales tienen presupuestos limitados y capacidades de seguridad reducidas— sin que los hechos de sangre afecten directamente las mesas de diálogo en la capital.

La doble crisis: Cifras vs. Percepción instantánea

El Atlántico hoy no solo se enfrenta a estadísticas de homicidios que, según los expertos, no se registraban desde principios de siglo; también lidia con una crisis de pánico colectivo alimentada por la inmediatez digital.

A la par del crecimiento real del delito, la percepción de inseguridad se ha disparado debido al flujo descontrolado de información en redes sociales. El profesor Trejos señala que la falta de filtros editoriales y de contexto convierte a los teléfonos celulares en multiplicadores de la zozobra.

“Te llega la imagen de un asalto a una tienda en tiempo real y asumes que está pasando a la vuelta de tu casa hoy mismo, cuando en realidad pudo haber ocurrido hace diez años o en otro país. Al no haber una narrativa clara institucional o periodística que explique el porqué y el cómo de un homicidio —si fue un ajuste de cuentas, una riña vecinal o un crimen pasional— la ausencia de contexto genera especulación, desinformación y, en última instancia, un miedo generalizado”.

El mapa del delito en el Atlántico ha cambiado. La violencia ya no se cuece únicamente en los callejones periféricos de la gran capital caribeña; ahora transita libremente por las carreteras intermunicipales, desafiando a las autoridades a formular una estrategia de seguridad integral que entienda que el departamento, hoy más que nunca, es un solo cuerpo territorial.

Economía y Finanzas

[td_block_14 sort="popular7" custom_title="👀 Lo + Visto" block_template_id="td_block_template_4" header_color="#129141"]

📢 Último Minuto