Las elecciones legislativas de 2026 en Colombia dejaron múltiples lecturas políticas, y una de las más llamativas fue la participación de influenciadores y creadores de contenido que decidieron incursionar en la política electoral. Sin embargo, los resultados también evidenciaron que la popularidad en redes sociales no siempre se traduce en respaldo en las urnas.
En varios partidos políticos surgió la estrategia de incorporar figuras digitales a sus listas con la expectativa de atraer votantes jóvenes y ampliar el alcance de las campañas. En algunos casos, estos nombres lograron visibilidad mediática durante la contienda, pero enfrentaron dificultades para consolidar una estructura política capaz de movilizar votos el día de las elecciones.

Uno de los casos más comentados fue el del creador de contenido Andrés Felipe Camargo, conocido como Felipe Saruma, quien anunció a finales de 2025 su candidatura a la Cámara de Representantes por el Atlántico con el aval de Cambio Radical. Su aspiración generó expectativa en redes sociales, donde cuenta con una amplia comunidad de seguidores.

En la misma línea, también participaron otras figuras digitales y personalidades del entretenimiento que intentaron trasladar su notoriedad en internet al escenario electoral. Entre ellos estuvo Edwin Brito García, conocido como “Pechy Players”, quien aspiró al Senado por el Partido Conservador Colombiano.
A pesar de contar con más de 600.000 seguidores en TikTok y cerca de medio millón en Instagram, Brito obtuvo poco más de 15.000 votos, una cifra que representó apenas una fracción del total necesario para aspirar a una curul. El resultado evidenció la distancia que puede existir entre la audiencia digital y la capacidad real de movilización electoral.

Otro caso que llamó la atención fue el de Fairuz Ospino Valdiris, hermana de la creadora de contenido Andrea Valdiri, quien aspiró a la Cámara de Representantes por el Atlántico con el aval del Partido de la U. Aunque logró superar los 10.000 votos, la cifra no fue suficiente para alcanzar un escaño en el Congreso.
Más allá de los resultados individuales, la participación de influenciadores en estas elecciones refleja un fenómeno creciente en la política contemporánea: la convergencia entre redes sociales y campañas electorales. Los partidos buscan nuevas formas de comunicación con los votantes, especialmente con las generaciones más jóvenes, donde las plataformas digitales tienen una gran influencia.
No obstante, los resultados de estas elecciones también dejaron una lección clara: la visibilidad digital por sí sola no garantiza éxito político. Las campañas electorales continúan dependiendo de factores tradicionales como la organización territorial, el trabajo comunitario, las alianzas políticas y la credibilidad frente al electorado.
En ese contexto, las elecciones de 2026 muestran que, aunque las redes sociales se han convertido en un escenario clave para la comunicación política, el verdadero desafío sigue siendo transformar la popularidad en apoyo electoral efectivo.
La política, al menos por ahora, continúa exigiendo algo más que seguidores: necesita estructuras, liderazgo territorial y la capacidad de conectar con las preocupaciones reales de los votantes.

