Entre millo, tambores y Reyes Momos: Barranquilla despidió al maestro ‘Ramayá’

Al ritmo de la flauta de millo, tambores y cantos tradicionales, Barranquilla le dio el último adiós a Pedro ‘Ramayá’ Beltrán, uno de los más grandes exponentes del folclor caribeño, fallecido a los 96 años tras complicaciones de salud.

El sepelio del maestro estuvo marcado por una emotiva y colorida despedida, en la que familiares, amigos, folcloristas y una comitiva de Reyes Momos acompañaron el recorrido del féretro, convirtiendo el duelo en una verdadera exaltación de su legado cultural.

Durante el cortejo, agrupaciones como ‘La misma vaina’ y ‘El gallo giro’, junto a decenas de tamboreros y cañamilleros, interpretaron piezas emblemáticas como La Rebuscona, una de las canciones más representativas del amplio repertorio que dejó el artista.

Un homenaje a la altura de su legado

Las honras fúnebres también contaron con la presencia de Carnaval de Barranquilla S.A.S., cuyo director, Juan Ospino Acuña, destacó la huella imborrable del maestro en la identidad cultural de la ciudad.

“Su legado fortalece nuestro ecosistema cultural, especialmente el Carnaval. Sus canciones son icónicas y vivirán por siempre en el corazón de los barranquilleros”, expresó.

Asimismo, la Secretaría de Cultura del Atlántico le rindió un reconocimiento póstumo, exaltando más de cuatro décadas de aportes a la música tradicional.

El homenaje incluyó letanías a cargo de ‘Las Ánimas de Soledad’ y presentaciones musicales de ‘Los nietos de Ramayá’, junto a artistas como Álvaro Ricardo y la cantaora Lourdes Acosta, quienes interpretaron temas como La canción del Carnaval.

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Un legado que cruzó fronteras

Para su familia, ‘Ramayá’ fue más que un músico: un maestro de vida. Su nieta, Norely Beltrán Chávez, lo recordó como un hombre alegre, empírico y profundamente apasionado por la música.

A pesar de no tener formación académica, logró construir un catálogo de más de 300 canciones y llevar los sonidos del Caribe colombiano a escenarios internacionales, posicionando la flauta de millo como símbolo de identidad cultural.

Entre sus obras más recordadas se destacan El ratón, La rebuscona, La estera y El mico ojón, piezas que hoy hacen parte esencial del patrimonio sonoro del Carnaval de Barranquilla.

Hoy, Barranquilla no solo despide a un artista, sino a un guardián de su tradición. Su música seguirá sonando en cada carnaval, en cada tambor y en cada rincón donde el folclor se niega a morir.

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