Como si se tratara del tráiler de una telenovela política que nadie pidió pero todos terminan viendo, Juliana Guerrero reapareció en el Cesar presentando su lista a la Cámara de Representantes por el llamado Frente Amplio. Y claro, lo hizo acompañada de un elenco que ya es patrimonio cultural del reciclaje electoral: Luis Quintero, heredero del exrepresentante “Chichi” Quintero, y Arturo Calderón, quien ya perdió tantas elecciones que debería recibir una pensión por insistencia.
Con esta movida, Juliana empieza a pavimentar —con acetato, luces y lentejuela— su camino hacia la Gobernación del Cesar, tal como había sido adelantado en primicia. ¿Su objetivo? Enfrentar a Viviana Monsalvo Gnecco, la heredera de Cielo Gnecco, para que en 2027 el departamento pueda escoger entre linaje tradicional… y tradición maquillada.
En el Cesar, Juliana es vista casi como una vedette política: siempre en escena, siempre rodeada y siempre lista para el aplauso. “Todos quieren con Juliana”, dicen en los pasillos, aunque nadie tiene claro si quieren votos, show o ambas.
Una fuente bien informada —o al menos muy creativa— asegura que el presidente Petro quiere verla como gobernadora. Si es cierto o no, ya lo sabremos. Lo que sí es seguro es que al Cesar le está tocando asistir a otra temporada de su eterna serie: “Pobre Cesar: cada día peor”.

