Por: Jegman
El fútbol suele inmortalizar a quienes convierten goles, levantan trofeos o reciben la ovación de las tribunas. Sin embargo, detrás de cada victoria existe un ejército silencioso de hombres que sostienen el rendimiento, la salud y la confianza de quienes pisan el césped. Uno de ellos es el doctor Iván Chalela Marino, un nombre que durante más de cuatro décadas ha estado ligado a la historia deportiva de Barranquilla y, especialmente, a la del Junior.
Hoy al cumplir 70 años de edad, Chalela representa una figura entrañable dentro del balompié rojiblanco. Médico deportólogo, orientador, formador, director técnico y educador, ha dedicado gran parte de su vida a acompañar futbolistas profesionales y jóvenes promesas, dejando una huella profunda que trasciende los campeonatos y las estadísticas.
Su llegada al Junior significó mucho más que la incorporación de un especialista en medicina deportiva. Con rigurosidad científica, conocimiento del alto rendimiento y una notable sensibilidad humana, Chalela se convirtió en un hombre de confianza para varias generaciones de jugadores. Su labor consistió en prevenir lesiones, liderar procesos de recuperación, realizar seguimientos cardiovasculares y fortalecer la preparación física de quienes tenían la responsabilidad de defender la camiseta rojiblanca.

Mientras el estadio celebraba goles y títulos, él trabajaba lejos de los reflectores, atendiendo molestias musculares, calmando la ansiedad de los lesionados y tomando decisiones médicas que, en muchos casos, marcaron carreras deportivas y salvaron vidas.
Una de las historias más significativas ocurrió en mayo de 2024. El periodista deportivo barranquillero Fabio Poveda Ruiz reveló públicamente que Iván Chalela fue determinante en el diagnóstico oportuno de la enfermedad coronaria que amenazó su existencia. Fue Chalela quien insistió en que se practicara una valoración especializada y una prueba de esfuerzo con el cardiólogo Carlos Saad. Los estudios permitieron descubrir severas obstrucciones arteriales que obligaron a una cirugía de corazón abierto. Un año después, Poveda reconoció que el médico barranquillero fue uno de los “ángeles” que Dios puso en su camino para continuar con vida.
Las voces de quienes compartieron vestuario con él describen a un profesional exigente, cercano y profundamente comprometido con el bienestar de sus dirigidos. El exmediocampista Francisco Castell recuerda que conoció a Chalela cuando llegó al Junior en 1982.
“Iván Chalela fue mi médico desde que llegué a Junior en el año 82. Es un excelente médico, pero aún mejor persona; un gran ser humano, trabajador incansable, siempre pendiente de nosotros ante cualquier situación que se presentara”.
Castell asegura que la amistad entre ambos permanece intacta y hoy coinciden nuevamente en los campeonatos máster del Colegio Sagrado Corazón, donde comparten la misma camaradería que nació hace más de cuatro décadas.


También existen anécdotas que retratan el lado paternal y vigilante del médico. El exdelantero William Knight evocó un episodio ocurrido durante la campaña de 1983, cuando, llevado por el hambre, comió a escondidas cuatro butifarras pertenecientes a Omar Alfredo Galván antes de enfrentar al Deportivo Pereira. El exceso alimenticio le provocó malestar estomacal durante el partido.
Knight recordó entre risas la reacción de Chalela:
“Iván Chalela, médico de Junior, me regañó y me repetía que si había comido algo, entonces tuve que decirle la verdad”.
Aquella escena resume buena parte de la personalidad del galeno: disciplinado, cuidadoso y atento hasta en los más pequeños detalles relacionados con la salud y el rendimiento de sus futbolistas.
Pero el legado de Iván Chalela no se limita al profesionalismo. Desde 1989 dirige el Junior del Colegio Sagrado Corazón, una cantera deportiva y humana por la que han pasado centenares de jóvenes barranquilleros. Durante casi cuarenta años ha formado generaciones enteras bajo principios de respeto, responsabilidad, esfuerzo y compañerismo, entendiendo siempre que el fútbol es una herramienta de transformación social.
Recientemente, el Junior del Sagrado volvió a clasificarse a una final, demostrando que la vigencia de su director permanece intacta. A sus casi siete décadas de vida, Chalela continúa entrenando, enseñando y transmitiendo la misma pasión con la que comenzó su recorrido en las canchas.
Iván Chalela pertenece a esa estirpe de hombres indispensables que rara vez aparecen en las portadas, pero cuya influencia permanece en la memoria de quienes fueron ayudados, recuperados o guiados por sus consejos. Mientras otros defendían los colores rojiblancos sobre el césped, él defendía algo igualmente valioso: la salud, la disciplina, la formación integral y el espíritu competitivo del Junior de Barranquilla.
Quizá por eso su verdadera colección de trofeos no se encuentra en vitrinas, sino en la gratitud de los futbolistas, periodistas, estudiantes y amigos que aún hoy lo recuerdan como el médico que cuidó al Junior, pero sobre todo, como un hombre que supo cuidar a las personas.

