En el barrio Abajo de Santa Lucía (Atlántico) la educación se da, literalmente, en medio de la oscuridad. La sede número tres del colegio Edgardo Sales permanece sin energía eléctrica en su interior y sin alumbrado público en sus alrededores, obligando a estudiantes, docentes y vigilantes a convivir en condiciones indignas y peligrosas.
El panorama contrasta con lo que ocurre en la sede número dos del mismo colegio, donde ya se realizaron mejoras e instalaciones de aires acondicionados y luminarias. Esta desigualdad tiene indignada a la comunidad educativa, que señala directamente al rector del megacolegio, José Antonio Carmona, de ignorar el problema pese a los reiterados llamados de atención.
—“Nuestros niños estudian en la oscuridad, no hay ventiladores, no hay iluminación, y en la noche el entorno es peligroso porque ni siquiera hay luz afuera”, denuncia una madre de familia, con evidente preocupación.
La falta de luz no es solo una incomodidad académica; también es un riesgo latente para la seguridad de los alumnos y de quienes trabajan en la institución. La penumbra dentro y fuera del plantel se convierte en un escenario ideal para la delincuencia y deja expuesta a una comunidad que exige condiciones dignas.
Mientras tanto, la pregunta que ronda entre padres y estudiantes es la misma: ¿por qué una sede sí y otra no?
La ausencia de respuestas oficiales ha incrementado la molestia y la sensación de abandono, al punto de que vecinos hablan de un “trato discriminatorio” dentro de una misma institución educativa.

La comunidad espera que el rector y las autoridades municipales y departamentales actúen con urgencia. La educación en Santa Lucía no puede seguir condenada a la oscuridad.

