Reflexión de Ulises Redondo
La autoridad, siempre ha sido objeto de cuestionamientos, Pero, hoy, más que nunca con el avance de las tecnologías de comunicación, es un tema en crisis. Podríamos hablar del quiebre total de la autoridad.
¿De dónde viene la autoridad? ¿Quién tiene autoridad? ¿A quién debemos creer y obedecer? La religión, la verdad, la moral, la ética y en última instancia, la fuerza, pueden considerarse como fuentes de autoridad.
Son conocidas las expresiones: “quién tiene conocimiento tiene poder”, “La información es poder”, “quien tiene poder económico tiene poder político”, y consideramos sabio, doctor, erudito a tal o cuál persona al expresar: “tiene autoridad en tal materia”.
Los padres tienen la capacidad (poder) de producir o ampliar resultados en favor de sus hijos. Pueden producir (trabajo) y reproducir (vida), es un poder justo, porque les brindan a sus crías, con excepciones, lo justo para sobrevivir. Es una autoridad justa y por tanto legítima. ¿Quien puede proteger mejor a sus hijos, con excepciones, sino sus padres? Los hijos-niños, en estado de indefensión, hasta entrar a la mayoría de edad más o menos, reconocen esa autoridad justa, se sienten seguros, y la obedecen, con excepciones.
Cuando la organización social fue tribal, el líder de la tribu asumía ciertas responsabilidades. El padre no era capaz él solo de garantizar la sobrevivencia de las crías por muchas circunstancias. El líder, por su fuerza física, sabiduría o carisma, era investido de autoridad.
Platón y Aristóteles se basaron en ejemplos de relaciones humanas tomados del gobierno doméstico y de la vida familiar de Grecia, para introducir el tema de la autoridad en la política. Esas relaciones pre políticas experimentadas en el oikos (casa, vivienda o familia), donde se administraba el hogar. ¿Un oikos tomado como núcleo de una autoridad justa no puede ser modelo para una sociedad? La casa del ciudadano pasa, en esta interpretación, a ser la ciudad y un ciudadano a quien no le es permitido tomar decisiones es un extranjero en su propia tierra.
En cualquier caso, la autoridad excluye la violencia, excepto cuando se trata de un bien supremo que es mayor a todos y a cada uno de nosotros. Nos trasciende. Se usa la fuerza cuando la autoridad fracasa.
Ahora, pensemos, por un momento en un escenario en donde ya no hay ningún tipo de autoridad, y en donde surge un hombre “libre”, que es lo que ocurre en la modernidad y postmodernidad. ¿Quién tendrá la capacidad de cuidar su vida, si no es el hombre adulto, desde su mayoría de edad hasta que su fuerza física y mental, ya en la vejez, se hayan agotado? Ese individuo es soberano de su propia vida, de su cuerpo, de su mente, de su pensamiento. Solo a él le pertenecen y es lo único que le pertenece. Porque es único. Él ordena su vida para sobrevivir y en consecuencia le ordena a su cuerpo disponerse para tal efecto. Se manda a sí mismo, obedece a sí mismo, piensa por sí mismo, el es su propia autoridad sobre su vida, cuerpo y mente, no cede el dominio de su cuerpo y mente a extraños, a no ser que esté enajenado por causa de alguna droga o, sufra de trastorno por déficit de atención e hiperactividad, discapacidad intelectual, autismo nivel 2 y 3, abulia, o sean estúpidos, bobos, tontos, ingenuos e ignorantes. La estupidez o el Efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo, según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un efecto de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real. Este sesgo, es atribuido a una inhabilidad meta-cognitiva del sujeto de reconocer su propia ineptitud.
«La ignorancia, frecuentemente, proporciona más confianza que el conocimiento» (Charles Darwin).
También puede haber un acondicionamiento y acomodamiento a los comportamientos descritos, entonces, asumimos el rol de idiotas e ignorantes, por situaciones laborales (mejor paso por idiota e ignorante ante el jefe, para no hacerlo quedar como idiota e ignorante) sociales, (nos acomodamos al tipo promedio para no entrar en discusiones estériles). ( Si mis amigos son ignorantes, porqué no fingir que yo también lo soy, para no lastimarlos).
Los individuos también ceden la autoridad sobre su cuerpo y mente por dinero (emeretrices); por dependencia económica (esclavos); por placer (drogadictos); entregan el dominio sobre sus cuerpos y mente los sicarios y mercenarios que matan por dinero, los que venden la conciencia.
Los hombres «libres» tendrán que ser esclavos de su propia «libertad» si quieren asumir la tarea de libertarios.
Antes de Petro las fuerzas del pueblo estaban adormecidas, temerosas. Después, el crecimiento ha sido vertiginoso. Lo que pienso es que hubo desobediencia civil contra la autoridad instituida que no los representa ya. Lo que buscan esas fuerzas individuales es respeto a la dignidad, un trato justo. Si recurriremos a un tipo de “ideología” para encasillar a esas personas, no encuentro otro distinto al respeto, al reconocimiento como personas, al respeto por la diferencia… ¡Justicia! Pero la justicia no es izquierda ni de derecha, es un derecho universal. Solo hay que tener voluntad y autoridad legítima para aplicarla. Porque aunque no lo crean esas personas representan su propia autoridad, su propia vida, su propio cuerpo y mente. Cada una tiene su propia historia familiar y social y, cada historia detrás de ellos es diversa, singular, única. No quieren ser tratados como deshecho de la sociedad o como excremento de la política…¿Recuerdan el “Estallido social”?… ¿Recuerdan lo que decían los grafitis durante esa conmoción social?…»Nos han quitado todo que nos han quitado hasta el miedo»….¿Recuerdan las expresiones populares en la plaza pública, en apoyo a Petro”: “No vinimos porque nos trajeron, vinimos porque quisimos». ¿Recuerdan la toma de las calles, pacíficamente, y los murales del arte popular? Los manifestantes sentían que los bienes públicos y el inmobiliario de la nación también les pertenecía porque o todos somos nación o ninguno lo es. Esas son expresiones de una desobediencia civil espontanea, de ciudadanos «libres» en el entendido de opuestos a la autoridad de las instituciones que han perdido todo crédito. Converso, casi todos los días, con gente humilde, sin que medie en ese diálogo posturas ideológicas, lo único que exigen es respeto y reconocimiento. Pero ocurre que la autoridad instituida, siempre se fuga con la autoridad ajena, toma como propia la autoridad de cada uno de esos individuos. Y creen que esa autoridad ajena los faculta para reprimir a la fuente misma de esa autoridad. ¿Alguien en sus cabales, puede autorizar a otro a que lo esclavice, lo empobrezca o lo mate? ¿Que tipo de eutanasia política sería esa? Ni siquiera, el que vende el voto espera que el poder instituido lo aplaste, aunque eso ocurre a menudo.
A esa gente humilde no les interesa los cálculos milimétricos del poder en las elecciones, ni los privilegios, ni el reparto burocrático. No anhelan que los uniformen en un esquema cerrado de partidos políticos ni que los incluyan en un modelo hegemónico de organización política. La hegemonía suena a escándalo aún para la gente humilde. Y es que definitivamente no se puede hegemonizar a las diferencias, excepto por coacción o engaño. Los símbolos pueden lograr un vínculo más fuerte que las ideas: abrasar da esperanza, estrechar la mano da confianza, escuchar, más que hablar, da reconocimiento mutuo, ver directo a los ojos inspira sinceridad.
Descender del Olimpo a la cueva terrenal de los humanos es un acto de reconocimiento entre iguales. Pero, ¿Iguales en qué? Apartando las diferencias. Iguales en equipamiento natural ( vida, cuerpo, pensamiento, autonomía) La igualdad es proporcionalmente directa a la diferencia. Somos iguales por el valor, magnitud, capacidades, virtudes o potencias de cada una de nuestras diferencias.
En inter pares se presupone que no hay diferencias y por consiguiente no hay oposición, no hay contradicción.
La gente quiere un referente de desobediencia, no de insurrección y la desobediencia no tiene profundidad ideológica; la insurrección sí. Lo vieron en Bolívar, en Gaitán, en Galán y en Petro. Hay cosas que son más sencillas de lo que parecen. Muchas veces nos cegamos en buscar soluciones en la profundidad de las ideas, cuando esas mismas soluciones se encuentran en la superficie, en la llanura.
Incluso, las autoridades deben, en acto de humildad, desobedecer sus propias ordenes, reconsiderarlas, corregirlas si estás han sido injustas o producto del error.
La soberbia parece una “enfermedad” contagiosa en las esferas del poder. Las élites de derecha, antes, y la casta intelectual de izquierda, ahora, desprecian al ciudadano humilde, lo ven como “esclavo” y luego se jactan diciendo que son hombres libres. Nadie puede ser libre mientras se mueva entre esclavos.

