Por: Redacción Regional
La paciencia de los habitantes de San Jacinto, Bolívar, se agotó. Por segundo día consecutivo, el municipio se mantiene en pie de lucha y bajo una estricta parálisis debido a la aguda escasez de agua potable que golpea a cientos de familias desde hace meses. Como medida de presión radical, la comunidad volvió a taponar el principal corredor vial que atraviesa la zona, interrumpiendo por completo el flujo vehicular en la región.
El descontento popular es generalizado y los manifestantes han sido claros: las promesas ya no son suficientes.
Bloqueos indefinidos y afectación vial


Desde las primeras horas de este jueves, decenas de ciudadanos se concentraron con pancartas, neumáticos y ramas en la carretera para impedir el paso de autobuses, vehículos particulares y camiones de carga. Según los voceros del plantón, la protesta no se levantará de forma definitiva hasta que no se firmen acuerdos de fondo y con cronogramas reales para solucionar el desabastecimiento crónico del líquido vital.
Estado de la movilidad: Las autoridades de tránsito recomiendan a los transportadores y viajeros que se desplazan por este importante eje vial del departamento tomar vías alternas o reprogramar sus recorridos, ya que la congestión y los represamientos de vehículos son monumentales.
La alcaldía busca destrabar la crisis
Frente a la escalada de la tensión social, la administración local ha tenido que mover ficha. La alcaldesa del municipio, Merly Viana, confirmó que sostendrá una mesa de diálogo urgente con los líderes y organizadores del paro en las próximas horas.
Los objetivos clave que se buscarán en la mesa de negociación incluyen:
-
Escuchar el pliego de peticiones y las necesidades más críticas de los barrios afectados.
-
Plantear un plan de contingencia inmediato (como el abastecimiento prioritario mediante carrotanques).
-
Lograr un corredor humanitario o el desbloqueo intermitente de la vía mientras avanzan las conversaciones técnicas.
El panorama en San Jacinto sigue siendo de expectativa. Mientras las delegaciones se preparan para el diálogo en la sede gubernamental, en el asfalto la comunidad vigila de cerca, advirtiendo que la vía pública seguirá cerrada si la respuesta institucional no está a la altura de la crisis humanitaria que padecen.

