Tras la intensa jornada electoral que consolidó la victoria de Abelardo De La Espriella como presidente electo y de José Manuel Restrepo como vicepresidente, el reconocido abogado constitucionalista Porfirio Castillo Alzamora rompió el silencio.
En un análisis profundo y sin filtros, Castillo desmenuzó las deudas históricas del sistema político colombiano, la pérdida del control territorial y la imperiosa necesidad de una transformación social que supere el simple mercadeo político.
1. El veredicto electoral: Éxito técnico, pero con alarmas territoriales
Para Castillo Alzamora, el sistema electoral colombiano demostró solidez técnica. Pese a los años de discursos que vaticinaban fraudes, el proceso contó con la legitimación de misiones internacionales, organismos de control y el reconocimiento inmediato de la oposición, liderada por Iván Cepeda.
Sin embargo, el jurista encendió las alarmas sobre un «déficit terrible» que empaña la legitimidad democrática: el control territorial de los grupos armados.
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Coacción al votante: Castillo señaló que en múltiples regiones del país los ciudadanos votaron bajo el fusil o se vieron impedidos de asistir a las urnas.
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El fenómeno de Buenaventura: Citó como ejemplo anomalías matemáticas inexplicables en una democracia sana: «Vi un guarismo de Buenaventura donde de 76 mil personas que votan, 70 mil lo hicieron por un solo candidato. Eso es casi imposible en términos democráticos«.
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Filtraciones y purgas: Advirtió que tras los comicios empezarán a salir a la luz certezas sobre la salida de generales y coroneles del Ejército en el marco de supuestos pactos con organizaciones criminales como el Clan del Golfo.
2. De la democracia a la «Cleptocracia»
El constitucionalista fue tajante al definir el verdadero mal que padece el Estado colombiano: la corrupción estructural y el diseño institucional orientado al saqueo.
«La palabra corrupción no puede mirarse simplemente como el que se roba un caldo de gallina. En Colombia se ha diseñado un modelo que en política se llama cleptocracia: instituciones organizadas para facilitar el saqueo y el enriquecimiento de unos pocos que controlan el poder político. Compran las elecciones con la plata que le roban de los impuestos a los colombianos, para volver a seguir robando».
Castillo criticó severamente la alarmante falta de movilidad social legítima en el país, sepultada por prácticas coloniales como el nepotismo y la administración del poder y la justicia operada incluso desde los centros penitenciarios.
3. Desatanizar la Constituyente: Una urgencia institucional
Frente a la parálisis legislativa histórica, Castillo Alzamora invitó al país a perderle el miedo a una reforma constitucional, desmarcándola de las figuras de Álvaro Uribe o Gustavo Petro, quienes en su momento la propusieron despertando temores de perpetuación o reelección.
¿Por qué Colombia necesita una reforma constitucional?
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Fracaso del Congreso: El legislativo ha demostrado ser incapaz de tramitar una reforma a la justicia que esté a la altura de las exigencias ciudadanas.
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Opacidad política: No se ha logrado estructurar una reforma política de transparencia real donde las elecciones reflejen la expresión completamente libre del pueblo.
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Crisis de la justicia: La administración judicial se encuentra en un estado crítico que bloquea la construcción real de un Estado Social de Derecho.
4. Oposición constructiva y un «Acuerdo sobre lo Fundamental»
Al evaluar el panorama del nuevo gobierno frente a la oposición que ejercerá el sector de Iván Cepeda y Aída Quilcué, el abogado constitucionalista recordó que la polarización matemática (un país dividido mitad y mitad) no puede traducirse en una parálisis o en el intento de imponer una visión sobre la otra.
| Eje de Análisis | La Visión del Constitucionalista |
| El rol de Iván Cepeda | Lo define como un hombre serio, con un talante diferente al de Gustavo Petro (de quien afirma que «metió las manos donde no debía e hizo un mal gobierno»), capaz de buscar consensos. |
| La oposición como virtud | Debe emular el modelo inglés, donde la oposición no obstruye el desarrollo de la función pública, sino que coadyuva al control en nombre del Estado. |
| El fin del Estado | Toda actividad política y reforma (sea de salud, justicia o laboral) debe tener un único fin antropocéntrico: la felicidad y la vida del ser humano. |
«La sociedad no aguanta más la inseguridad, el alza en el costo de la vida, el riesgo energético ni el control del sector financiero sobre los recursos públicos. Para curar a esta sociedad enferma no se necesita un médico; se necesita una junta médica que busque el consenso».
Finalmente, el jurista hizo un llamado urgente a cambiar el marketing político por verdadera transformación social, invitando a los colombianos a unirse en lo fundamental: «No podemos seguir divididos. Tenemos que encontrarnos para exigirle al Congreso que resuelva los problemas. Somos un país hermoso, pero con esta lluvia de balas no hay felicidad posible».

