En pleno corazón del centro de Barranquilla, a un costado de la sede principal de la Universidad del Atlántico, yace un gigante de 7.300 metros cuadrados que alguna vez latió al ritmo de miles de estudiantes. Hoy, ese coloso llamado Colegio CODEBA está silencioso, desnudo de escaleras, con tejas arrancadas y tuberías a la vista, como si alguien hubiera detenido el tiempo justo antes del derrumbe.
El abandono prolongado ha encendido las alarmas de quienes mejor conocen su valor: los egresados, directivos y antiguos docentes. Para ellos, no se trata solo de ladrillos; se trata de memoria. “No vamos a permitir que ese espacio lo conviertan en otra Olímpica ni en un conjunto de apartamentos”, advierten, como una sentencia que mezcla nostalgia y resistencia.
Un proyecto que nunca arranca
Desde los pasillos administrativos del CODEBA la frustración es igual de profunda. Reconocen que sí, se han pedido estudios, se han firmado papeles y se han anunciado intenciones… pero nada ha pasado de ahí. Ni la Alcaldía ni el Distrito han dado un paso real hacia su recuperación. Tanto así que, hace pocos días, exalumnos realizaron un plantón para llamar la atención del alcalde Alejandro Char. De nuevo, se fueron con las manos vacías.
“Así como se invierten dineros en otras obras distritales, debe priorizarse la recuperación del colegio”, reclaman, señalando la paradoja del olvido en medio de una ciudad que presume progreso.






Promesas viejas, compromisos rotos
La historia del CODEBA también está hecha de compromisos que nunca se cumplieron. Adolfo Held, miembro de la junta directiva, recuerda que el inmueble fue entregado en 2013 por el entonces gobernador Eduardo Verano para uso exclusivo educativo. Y señala que, durante el primer mandato de Alejandro Char, el Distrito recibió el predio bajo esa misma condición.
“El Distrito aseguró que lo iba a construir Edubar, pero se lavaron las manos”, dice sin rodeos.
Luego vino la administración Pumarejo y, aunque el proyecto quedó aprobado por el Fondo de Financiamiento de la Infraestructura Educativa, el Distrito debía cofinanciar 5.000 millones. “Nos dijeron que no había esos recursos; así de sencillo”, sentencia Held.
7.300 metros cuadrados es el área total del bloque CODEBA. Adjunto a la sede centro de @udeatlantico.
— Javier Manjarrés R. (@JManjarresR) November 20, 2025
Los egresados de ese insigne colegio estamos exigiendo su recuperación inmediata.
No vamos a permitir que ese espacio lo conviertan en otra @olimpicaSA y un conjunto de aptos. pic.twitter.com/0kBndSNtWR
El peligro crece entre los escombros
Mientras las decisiones se dilatan, el inmueble se deshace. Escaleras desmontadas, concreto arrancado, techos vulnerados y un riesgo permanente para quien se atreva a entrar. “Eso es horrible. Quitaron hasta el concreto. El edificio es un peligro”, relata Held, describiendo una escena más cercana a una estructura en ruinas que a un colegio emblemático.
“Promesas, nada más”
Ahmed Aguirre Acuña, presidente de Asocodeba, no suaviza su molestia. Asegura que el llamado a la Administración Distrital se ha hecho una y otra vez, sin eco alguno. Mientras tanto, la sede original del Colegio Barranquilla —en la calle 51 con carrera 41— se desmorona cada día un poco más.
“Promesas, promesas. En las administraciones de Alejandro Char no ha cumplido. Tampoco lo hizo Elsa Noguera. Y Pumarejo desaprovechó una asignación de cerca de 12 mil millones del Ministerio de Educación”, reclama.
Un patrimonio que clama por ser rescatado
Para Aguirre, lo que está en riesgo no es un simple edificio, sino un símbolo. “Este inmueble es un ícono de la educación y un patrimonio arquitectónico. Aquí se han formado generaciones enteras. Nuestro clamor es que el Distrito deje de ser tan promesero y cumpla con la recuperación del colegio”, concluye.
Entre escombros y promesas incumplidas, el CODEBA sigue esperando. Su historia no ha terminado; solo necesita que alguien se atreva a escribir el siguiente capítulo.

