En video el pánico en la carrera 51b con calle 86 al norte de Barranquilla por el temblor que se sintió en el edificio Quantum Tower
El sismo del 10 de agosto debe servir para que administradores, consejos de administración y copropietarios revisen qué tan preparados están sus edificios para proteger vidas ante una emergencia.
Por Álvaro Del Castillo Cabrales
Arquitecto
El pasado 10 de agosto, Colombia volvió a sentir la fuerza de la naturaleza. Un sismo de gran magnitud, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, sacudió buena parte del territorio nacional y fue percibido también en Barranquilla. En nuestra ciudad, varios edificios fueron evacuados preventivamente y durante algunos minutos el temor se apoderó de trabajadores, residentes y visitantes.
Pero cuando pasa el susto, aparece una pregunta que considero mucho más importante:
¿Estamos realmente preparados en nuestras propiedades horizontales para enfrentar un evento sísmico?
Esta pregunta no pretende generar pánico. Todo lo contrario. Pretende generar conciencia.
Como arquitecto y residente en una propiedad horizontal considero que el sismo debe convertirse en una oportunidad para revisar la manera como estamos administrando nuestros edificios y conjuntos residenciales. Porque administrar una copropiedad no significa únicamente cobrar cuotas, pagar facturas, contratar vigilancia o mantener las zonas comunes.
Administrar también significa prevenir.
El administrador no puede esperar a que ocurra una tragedia
En muchas copropiedades la prevención todavía se entiende como un gasto y no como una inversión.
Se repara cuando algo se daña. Se revisa cuando aparece una filtración. Se interviene una fachada cuando comienzan a desprenderse elementos. Se habla de evacuación después de una emergencia.
Ese modelo debe cambiar.
El administrador, acompañado por el Consejo de Administración, debe conocer el estado de los bienes comunes y establecer mecanismos periódicos de inspección y mantenimiento.
Después de un movimiento sísmico, por ejemplo, es necesario realizar una revisión visual de las áreas comunes y prestar especial atención a la aparición de nuevas grietas, fisuras, desprendimientos, daños en fachadas, escaleras, cubiertas, cielos rasos, muros, puertas, ventanas, redes y otros elementos.
Pero hay que ser claros: una inspección visual no reemplaza una evaluación estructural profesional.
Si aparecen daños que generen dudas sobre la estabilidad o seguridad de una edificación, corresponde solicitar la valoración de un profesional competente. El administrador no debe convertirse en “diagnosticador” estructural ni minimizar una situación que requiere conocimiento técnico.
El peligro no siempre está en una columna
Cuando hablamos de terremotos, inmediatamente pensamos en columnas, vigas y placas.
Sin embargo, una emergencia también puede generar accidentes por elementos no estructurales.
Un cielo raso puede desprenderse. Un vidrio puede romperse. Un objeto pesado puede caer desde una altura. Una estantería puede volcarse. Una luminaria puede desprenderse. Una escalera puede quedar bloqueada.
Por eso, la seguridad de una propiedad horizontal debe analizarse integralmente.
Hay que revisar fachadas, balcones, cubiertas, escaleras, barandas, cerramientos, equipos, redes, elementos decorativos, mobiliario y todos aquellos componentes que puedan representar un riesgo para las personas.
¿Y si mañana vuelve a ocurrir?
Esta es la pregunta que cada administrador debería llevar hoy a su Consejo de Administración.
¿Tenemos rutas de evacuación claramente identificadas?
¿Las salidas están libres de obstáculos?
¿Los residentes conocen el punto de encuentro?
¿La señalización es adecuada?
¿Contamos con iluminación de emergencia?
¿El personal de vigilancia conoce el protocolo?
¿Sabemos cómo actuar frente a una falla eléctrica?
¿Tenemos identificadas las personas que podrían requerir asistencia durante una evacuación?
¿Se han realizado simulacros?
Si algunas de estas respuestas son negativas, el sismo del 10 de agosto nos acaba de entregar una segunda oportunidad: prepararnos antes de que sea demasiado tarde.
La prevención debe convertirse en parte del presupuesto

En propiedad horizontal no podemos seguir presupuestando solamente para pintar, limpiar, reparar y mantener.
También debemos presupuestar para prevenir.
La inspección periódica de fachadas y cubiertas, el mantenimiento de equipos, la revisión de redes, la señalización, los sistemas contra incendios, la iluminación de emergencia, los simulacros y la actualización de los planes de emergencia deben formar parte de una verdadera política de seguridad de la copropiedad.
El Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente, NSR-10, establece criterios técnicos fundamentales relacionados con la seguridad de las edificaciones. Pero una norma, por sí sola, no protege a una comunidad si no existe mantenimiento, vigilancia y cultura de prevención.
No esperemos otro temblor para actuar
Barranquilla ha experimentado durante las últimas décadas una transformación urbana significativa. Cada vez tenemos más edificios altos, conjuntos residenciales, oficinas, centros comerciales y grandes infraestructuras.
Eso significa también mayores responsabilidades.
La seguridad de una edificación no comienza cuando suena una alarma.
Comienza desde la administración.
Comienza con un administrador que pregunta, inspecciona, documenta y actúa.
Comienza con un Consejo de Administración que entiende que el mantenimiento preventivo no es un lujo.
Comienza con propietarios que comprenden que pagar una cuota de administración también significa contribuir a conservar y proteger el patrimonio común.
El sismo que sentimos en Barranquilla debe quedar como algo más que un recuerdo de miedo.
Debe convertirse en una decisión.
Revisemos nuestros edificios.
Preparemos a nuestras comunidades.
Actualicemos nuestros protocolos.
Hagamos mantenimiento.
Capacitemos a nuestros residentes.
Porque ante un fenómeno natural no podemos controlar cuándo va a ocurrir.
Pero sí podemos decidir qué tan preparados estaremos cuando ocurra.

