Atlántico al borde del colapso: violencia desbordada, sin agua y con un gobernador ausente

Mientras el discurso oficial insiste en vender un “Atlántico para el mundo”, en las calles, corregimientos y veredas del departamento la realidad es otra: inseguridad creciente, crisis de agua y comunidades abandonadas que claman soluciones urgentes.

Las cifras de violencia son contundentes. Solo en los primeros meses de 2026, el departamento ha registrado un alarmante incremento de homicidios, con decenas de casos que reflejan una escalada que ya no es aislada, sino sostenida. Municipios como Barranquilla, Soledad, Malambo y Repelón viven bajo la sombra de estructuras criminales como ‘Los Costeños’ y ‘Los Pepes’, en una disputa que mantiene en zozobra a la población.

La pregunta que muchos se hacen es inevitable: si este es un “remanso de paz”, ¿por qué cada día aumenta el miedo en los atlanticenses?

A esta crisis de seguridad se suma una problemática igual de grave: la falta de agua potable en varios municipios. Comunidades como Guaimaral, en Sabanalarga, y Palo Alto denuncian deficiencias constantes en el servicio, sin respuestas claras ni soluciones estructurales por parte de la administración departamental.

Recordemos que en el 2025 el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, figuró con un 37 % de aprobación y un 50 % de desaprobación. Aunque en abril registró una leve mejora (46 % de aprobación), los resultados de junio indican una caída de nueve puntos.

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Muestra 2025

Un Verano en picada: Su desempeño en esa medición de INVAMER se ubicó por debajo de los niveles que había mantenido entre febrero y octubre de 2024, cuando su aprobación rondaba el 53 %.

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MUESTRA 2024

Pero el abandono no termina ahí. En la vereda Pita, jurisdicción de Repelón, la única vía de acceso es prácticamente un camino de herradura, intransitable por el lodo y el deterioro. La situación quedó en evidencia cuando un adulto mayor, Hernando José Romero Sabalza, de 74 años, tuvo que ser evacuado en hamaca y a lomo de mula ante la imposibilidad de ingreso de una ambulancia.

Este no es un caso aislado, es el reflejo de una realidad que golpea a las zonas rurales del Atlántico: aislamiento, precariedad y promesas incumplidas.

Mientras tanto, desde la Gobernación liderada por Eduardo Verano de la Rosa, la percepción ciudadana es de desconexión con los problemas reales del territorio. Las críticas apuntan a una gestión centrada en discursos y proyección internacional, mientras las necesidades básicas de los atlanticenses siguen sin resolverse.

Hoy, el departamento enfrenta una encrucijada: la violencia avanza, los servicios fallan y las comunidades pierden la confianza. La ciudadanía exige más que anuncios: pide presencia, soluciones concretas y liderazgo real.

Porque el Atlántico no puede seguir siendo un territorio donde el miedo crece, las vías se destruyen y el agua escasea, mientras las respuestas oficiales no llegan. La pregunta sigue en el aire: ¿quién está gobernando realmente para los atlanticenses?

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