Detrás de cada uniforme del Cuerpo de Oficial de Bomberos de Barranquilla hay hombres y mujeres que un día juraron arriesgar sus vidas para salvar las de otros. Es una labor noble, pero que hoy, lejos del fuego y las sirenas, enfrenta una dolorosa realidad interna que apaga el entusiasmo de quienes lo han dado todo por la institución.
Esta no es una denuncia que busque dividir ni alimentar debates políticos; es el clamor humano de un bombero que hoy, tras sufrir un grave accidente en cumplimiento de su deber, se encuentra en una encrucijada que quiebra el alma. Con un dictamen médico que certifica una pérdida significativa de su capacidad laboral, tres cirugías en su pierna, pérdida de masa muscular, secuelas psicológicas y lesiones en la columna y rodillas, este servidor se hace una pregunta que debería conmover a cualquier ciudadano:
¿Quién le devolverá su estabilidad laboral a alguien que hoy depende de muletas por haber defendido a Barranquilla en la línea de fuego?
La protección a quienes quedan vulnerables por accidentes de trabajo no debería ser un asunto de discusión, sino un acto de elemental humanidad y justicia social.

A este drama humano se suma la profunda frustración de ver cómo se maneja el mérito y la carrera administrativa dentro de la institución. Mientras decenas de profesionales se prepararon y concursaron legítimamente a través de la Comisión Nacional del Servicio Civil para ganarse un lugar digno en las plazas ofertadas, la realidad interna muestra un panorama confuso. El ingreso constante de personal provisional posterior al concurso, presuntos ascensos exprés y favoritismos familiares —que hoy están bajo la lupa de las denuncias correspondientes— desmotivan a la base trabajadora que cree en la transparencia.
El Cuerpo de Bomberos de Barranquilla necesita brillar no solo por la valentía de sus unidades en las calles, sino por la impecable honestidad de sus procesos internos y el liderazgo idóneo de sus directivos. Quienes dirigen deben ser los primeros en dar ejemplo de legalidad, mérito y protección a sus hombres más vulnerables.

Este escrito es una invitación respetuosa a las autoridades competentes, a la Alcaldía Distrital, Alejandro Char, Gerente de Ciudad, Ana María Aljure y a los entes de control para que miren hacia adentro del cuerpo bomberil.
No olviden a quienes quedaron heridos en combate; no ignoren el esfuerzo de quienes ganaron sus puestos por mérito. Cuidar de nuestros bomberos es, en última instancia, cuidar de toda Barranquilla.

