Lo que parecía una misión histórica terminó con un detalle… bastante terrenal. La NASA le pidió a los astronautas de la misión Artemis II que, por favor… ¡no usen el inodoro en plena travesía espacial!
Sí, así como suena. Mientras orbitaban la Luna y hacían historia, desde el centro de control en Houston les soltaron la inesperada orden: “no usar el retrete”.
¿La razón? El sofisticado baño espacial —que costó la módica suma de 23 millones de dólares— decidió rebelarse desde el primer día. El sistema presentó fallas, incluyendo un ventilador atascado, y aunque intentaron repararlo en pleno vuelo, el problema siguió apareciendo como visita incómoda.


La solución fue clara (y poco glamorosa): recurrir a “urinarios de contingencia plegables”. Es decir, en medio de uno de los viajes más importantes de la humanidad… tocó improvisar.
A pesar del incómodo contratiempo, la misión continúa su curso, demostrando que incluso en el espacio… hay problemas que siguen siendo muy humanos.
Porque sí: puedes llegar a la Luna… pero no siempre al baño


