Desmitificando euferismos en torno al Estado y otros asuntos 

Por Ulises Redondo

Todos tenemos alma de ladrón. La corrupción es una condición humana. Somos potencialmente ladrones por naturaleza.

El Estado y la política como arte de gobernar al Estado nacieron de la corrupción. El Estado necesita a la corrupción tanto como está necesita a aquel.

La acumulación de capital es corrupta por naturaleza y el capital fundó al Estado. El Estado necesita del capital, tanto como éste necesita del Estado.

El Estado se creó para fortalecer al capital, y necesita ser corrupto para expandirse.

El Estado es mafioso desde su origen. Hay mafiosos que son políticos y políticos que son mafiosos.

La democracia es el espejo manipulado de la bruja del cuento Blanca Nieves. El Estado es la bruja que le pregunta al espejo, quién es el más bonito y el más fuerte, él o el pueblo. Pero al mismo tiempo, la democracia es la ventana por donde el Estado ve correr al pueblo en varias direcciones, caóticamente, para intentar cambiar al Estado, no obstante, el Estado sabe que el pueblo también se verá en ese espejo manipulado de la “democracia» y sabrá que es imposible el cambio.

El Estado se moderniza institucionalmente. Está modernización administrativa va reglada por nuevas normas que favorecen al capital, no al cambio social.

No hay diferencias ideológicas entre derecha, centro e izquierda, solo hay estilos para robar.

La justicia no es de izquierda, de centro ni de derecha, es un derecho universal de todos los pueblos.

Todo «servidor público», desde el presidente hasta el de menor rango son agentes del Estado sin importar si son de derecha, centro o izquierda. Un agente del Estado es funcional al Estado, cumple sus normas, se solidariza automáticamente con él.

El Estado es un sistema cerrado inexpugnable. Un monstruo indestructible e inmodificable desde adentro de sus entrañas. Si alguien pretende cambiarlo desde adentro, ocurrirán dos cosas: que el monstruo lo vomite o que lo absorba y lo asimile como parte de su organismo.

El capital-Estado domestica a sus agentes, estos entran ha hacer parte de su engranaje. Si por algún resquicio uno de los poderes públicos intentara cambiar al Estado desde su estructura interna, los otros poderes se lo impedirían al cerrar filas en torno a la solidaridad institucional como garantía de estabilidad.

El Estado nunca favorece al pueblo porque quiera, solo que al fortalecer al capital, éste jalona una suerte de progreso.

Si la acumulación de capital es corrupción pura, el Estado, por tener un carácter corrupto, no se diferencia mucho en las prácticas de las mafias organizadas. Solo que los agentes del Estado delinquen desde lujosas oficinas y amparados por la ley, mientras la mafia organizada delinque clandestinamente.

No hay diferencias entre Estado corrupto y Estado mafioso. El contubernio, en varios momentos, entre el Estado corrupto y las mafias organizadas no es por casualidad, es porque, en esos momentos, ambos confluyen y contribuyen en el flujo acumulativo del capital. Es cierto que, en otros momentos, chocan, hay una aparente contradicción, pero esto ocurre cuando la mafia organizada ha adquirido demasiado poder y amenaza la «legalidad» del Estado. Cuando esto ocurre el Estado «mafioso» justifica el desmantelamiento de las mafias organizadas y la expropiación de sus bienes y activos. Es decir, el Estado mafioso se traga el poder de las mafias organizadas, maquillando el capital «ilegal» para «reestablecer» la funcionalidad del capital «legal». Vemos, entonces, que la contradicción del capital no es de fondo sino de formas.

Economía y Finanzas

[td_block_14 sort="popular7" custom_title="👀 Lo + Visto" block_template_id="td_block_template_4" header_color="#129141"]

📢 Último Minuto