Los resultados más recientes de las pruebas PISA volvieron a poner sobre la mesa las dificultades que enfrenta Colombia para mejorar la calidad de su sistema educativo. El país registró retrocesos en Matemáticas y Lectura frente a la medición anterior y continúa por debajo del promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
El panorama fue analizado por Alejandro Gaviria, exministro de Educación y exrector de la Universidad de los Andes, quien cuestionó la manera en que la sociedad latinoamericana enfrenta los problemas de la educación y advirtió que existe una preocupante aceptación de los bajos resultados.
Durante una entrevista en el programa Dos Puntos de Caracol Radio, Gaviria se refirió a las diferencias entre el desempeño de los estudiantes colombianos y el de países asiáticos que han conseguido posicionarse entre los sistemas educativos más competitivos del mundo.
Su crítica estuvo especialmente dirigida a la falta de estudiantes ubicados en los niveles más altos de desempeño.
“Si uno se va a una categoría como ciencia, el porcentaje de estudiantes en la China, por ejemplo, que está en alto desempeño, es superior al 35%. En Colombia no llega al 1%. En matemática esa diferencia es aún mayor”, sostuvo el exministro.
Para Gaviria, la brecha no puede explicarse únicamente por las condiciones económicas de los países o por las diferencias entre sus sistemas escolares. A su juicio, existe también un componente cultural relacionado con la importancia que cada sociedad concede a la educación.
“Había un compromiso que existe en los países asiáticos y no existe en América Latina con la educación”, afirmó.
Colombia retrocede en Matemáticas y Lectura
La discusión se produce después de que los resultados de la evaluación internacional volvieran a mostrar dificultades importantes para Colombia.
Las pruebas PISA, coordinadas por la OCDE, buscan medir las competencias que tienen los estudiantes próximos a finalizar el ciclo de educación obligatoria. La evaluación analiza principalmente sus capacidades para comprender textos, utilizar conceptos matemáticos, interpretar información científica y resolver problemas.
En la medición correspondiente a 2025, Colombia obtuvo 381 puntos en Matemáticas, dos puntos menos que los 383 registrados en 2022.
Aunque el país se ubicó ocho puntos por encima del promedio latinoamericano, que fue de 373 puntos, quedó 82 puntos por debajo del promedio de la OCDE, situado en 463.
El resultado también ubicó a Colombia en el sexto lugar entre los países latinoamericanos incluidos en la medición.
Uno de los datos que más preocupación genera es la proporción de estudiantes que no alcanza las competencias consideradas básicas. De acuerdo con los resultados divulgados, cerca de siete de cada diez estudiantes colombianos permanecieron por debajo de los niveles básicos en Matemáticas.
El 40 % se ubicó por debajo del nivel 1a y otro 31 % alcanzó exactamente ese nivel.
La situación es particularmente relevante porque las pruebas no se limitan a determinar si un estudiante recuerda determinados contenidos. PISA busca establecer qué tan preparado está para utilizar sus conocimientos frente a situaciones concretas, interpretar información y resolver problemas.
“Hay una especie de tolerancia con la mediocridad”
A partir de estos resultados, Gaviria lanzó una de sus principales críticas: la necesidad de que Colombia y América Latina modifiquen la manera en que entienden la educación.
“En América Latina hay una especie de tolerancia con la mediocridad de la educación. Y ese cambio en la sociedad es fundamental”, manifestó.
El exministro considera que mejorar los resultados requiere algo más que modificar programas académicos o implementar nuevas políticas desde los gobiernos. En su concepto, la educación debería recuperar un lugar central dentro de las prioridades sociales.
La comparación con los países asiáticos, según explicó, muestra que el alto desempeño educativo está acompañado de una valoración social mucho mayor del aprendizaje, el esfuerzo académico y los resultados.
Gaviria insistió en que, si Colombia aspira a acercarse a los niveles alcanzados por algunos de esos países, debe producirse un cambio cultural respecto de la educación.
“Si queremos tener los niveles asiáticos, tenemos que tener la misma actitud, dijéramos cultural, de importancia o relevancia, centralidad, de la educación en la sociedad”, señaló.
Y agregó que esa condición todavía no está presente con la misma fuerza en América Latina.
La lección que dejó la pandemia
En medio de su análisis, Gaviria también recordó la manera en que Colombia y otros países de la región enfrentaron el cierre de las instituciones educativas durante la pandemia de covid-19.
Según el exministro, la respuesta frente a la interrupción de las clases presenciales también evidenció el lugar que ocupa la educación dentro de las prioridades sociales.
“Las escuelas y colegios en Colombia y en América Latina fueron los primeros en cerrar y los últimos en abrir”, aseguró.
Gaviria recordó que durante 2021, cuando buena parte de las actividades económicas y sociales ya habían comenzado a reactivarse, todavía existían instituciones educativas cerradas.
“Yo recuerdo en el año 2021 cuando todo estaba abierto, incluso los bares, todavía las escuelas y colegios estaban cerradas y nadie ponía el grito en el cielo”, sostuvo.
A su juicio, esa situación evidenció una diferencia importante frente a la manera en que otras sociedades valoran la educación.
“Nadie de alguna manera protestaba porque la educación simplemente se había apagado en Colombia”, agregó.
Una brecha que va más allá de los puntajes
Los resultados de PISA han servido nuevamente como punto de partida para discutir uno de los problemas estructurales de Colombia: la dificultad para garantizar que la mayoría de los estudiantes alcance competencias fundamentales y, al mismo tiempo, conseguir que una proporción significativa llegue a niveles avanzados.
Para Gaviria, la preocupación no debe concentrarse exclusivamente en quienes tienen resultados bajos. También es necesario aumentar de manera considerable el número de estudiantes que alcanzan desempeños sobresalientes.
La diferencia que mencionó entre China y Colombia en los niveles superiores de desempeño refleja precisamente esa brecha: mientras los sistemas educativos con mejores resultados logran formar una masa importante de estudiantes con capacidades avanzadas, Colombia todavía tiene una participación muy reducida en esos niveles.
El exministro considera que cerrar esa distancia exige una transformación que involucre a gobiernos, colegios, docentes, familias y a la sociedad en general.
Los resultados, además, llegan en un momento en el que el país enfrenta el desafío de recuperar aprendizajes perdidos durante la pandemia y mejorar las competencias fundamentales de millones de estudiantes.
Más allá del debate sobre las políticas educativas de cada administración, las cifras de PISA vuelven a plantear una pregunta de fondo: ¿qué lugar ocupa realmente la educación entre las prioridades de la sociedad colombiana?
Para Gaviria, mientras no exista un cambio cultural que coloque la educación en el centro de las prioridades nacionales, será difícil que Colombia consiga acercarse al desempeño de los países que hoy lideran las mediciones internacionales.

