Experto advierte que la inteligencia artificial podría reducir nuestra capacidad de memorizar

El avance acelerado de esta tecnología está transformando la educación y el mercado laboral, pero también plantea interrogantes sobre cuánto estamos delegando a las máquinas capacidades que antes ejercitábamos a diario.

La inteligencia artificial dejó de ser una tecnología reservada para laboratorios o grandes empresas y comenzó a ocupar un lugar cada vez más cotidiano en la educación, el trabajo y hasta en decisiones que antes dependían exclusivamente de las personas.

Sin embargo, su crecimiento acelerado también está generando preocupación entre expertos por las consecuencias que podría tener una dependencia excesiva de estas herramientas.

Uun experto analizó los posibles efectos de la inteligencia artificial y advirtió que el problema no está únicamente en que las máquinas puedan reemplazar determinadas labores, sino en que los seres humanos comiencen a delegar capacidades como la memoria y el razonamiento.

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“Estamos pasando de sistemas que tienen conocimiento sobre varios temas hacia sistemas que empiezan a razonar como los seres humanos, que empiezan a generar no solamente conocimiento, pero música, videos, etc.”, explicó.

Según el especialista, la evolución de estas herramientas está llevando a que actividades que durante mucho tiempo se consideraron exclusivamente humanas comiencen a ser realizadas por sistemas de inteligencia artificial.

“Poco a poco parece desplazar aquello que parecía solamente reservado para las personas, que era la memoria, el conocimiento y ahora el razonamiento”, señaló.

Para el experto, uno de los principales desafíos es la velocidad con la que está ocurriendo esta transformación, pues la sociedad todavía no tendría el tiempo suficiente para adaptarse a los cambios que está provocando la tecnología.

¿Qué trabajos podrían verse más afectados?

El impacto laboral tampoco se limitaría a los programadores. Las labores que puedan digitalizarse, automatizarse o desarrollarse de manera repetitiva serían las que enfrentarían mayores transformaciones.

“Aquellas cosas que pueden ser digitalizadas, cosas repetitivas, aquellas cosas digitales, son más lo que deben ser automatizadas”, explicó.

En esa categoría aparecen diferentes labores administrativas y de oficina, como atención al cliente, contabilidad, nóminas, recursos humanos y otras funciones de soporte.

Por el contrario, los trabajos que requieren actividad física o que se desarrollan en entornos donde resulta más difícil recopilar información para entrenar sistemas de inteligencia artificial podrían tardar más en ser automatizados.

No obstante, el experto planteó una advertencia: incluso esas actividades podrían terminar siendo impactadas por la tecnología en un periodo que podría ser mucho más corto de lo que tradicionalmente se ha pensado.

La preocupación también está en las aulas

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Uno de los puntos que más inquietud genera es el impacto de la inteligencia artificial sobre la educación.

El especialista recordó cómo herramientas que inicialmente fueron consideradas ayudas para determinadas tareas terminaron modificando hábitos cotidianos.

Antes, por ejemplo, los padres pedían a sus hijos resolver operaciones matemáticas sin calculadora para obligarlos a ejercitar la mente. También era habitual memorizar rutas y direcciones en lugar de depender de herramientas como los sistemas de navegación.

Hoy, muchas de esas capacidades se han trasladado a dispositivos y plataformas digitales.

La llegada de la inteligencia artificial podría profundizar aún más esa tendencia, especialmente entre los estudiantes que utilizan estas herramientas para responder preguntas, redactar trabajos, resolver problemas o incluso generar ideas.

“Le estamos dejando a las máquinas la capacidad de decidir por nosotros”, advirtió el experto.

Según su planteamiento, una de las consecuencias a largo plazo podría ser una reducción en el ejercicio de la memoria.

“La consecuencia de esto, en el largo plazo, es que la gente desarrolla menos memoria”, sostuvo.

El experto también alertó sobre una posible paradoja educativa: las nuevas generaciones podrían tener acceso a una cantidad de información mucho mayor que sus antecesores, pero no necesariamente desarrollarían el mismo nivel de comprensión o capacidad para procesarla por sí mismas.

“Estamos ante una nueva generación de estudiantes que, aunque tengan más conocimiento, entiendan menos”, concluyó.

El debate, por tanto, ya no se centra únicamente en si la inteligencia artificial reemplazará determinados empleos. También plantea una pregunta más profunda: ¿qué capacidades humanas estamos dispuestos a delegar en las máquinas y cuáles deberíamos seguir ejercitando?

Mientras la tecnología continúa avanzando a un ritmo acelerado, gobiernos, instituciones educativas y empresas enfrentan el desafío de establecer reglas que permitan aprovechar sus beneficios sin convertir la inteligencia artificial en un sustituto permanente de las capacidades humanas.

Economía y Finanzas

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