Terremoto en Colombia deja una alerta para el Caribe: expertos piden estudiar suelos y edificaciones

 

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El terremoto de magnitud 7,4 registrado el pasado 10 de agosto en Colombia, con epicentro en el departamento del Chocó, volvió a poner sobre la mesa una preocupación que también alcanza a la región Caribe: la necesidad de conocer con mayor precisión cómo responderían sus ciudades ante un movimiento sísmico de gran intensidad.

Aunque el epicentro estuvo alejado de la Costa, investigadores de la Universidad del Norte advierten que el riesgo no puede descartarse. Uno de los principales vacíos identificados es que las ciudades del Caribe no cuentan actualmente con estudios de microzonificación sísmica, herramientas que permiten determinar cómo se comportan los distintos tipos de suelo y cuáles sectores podrían experimentar una mayor amplificación de las ondas sísmicas.

Este tipo de estudios resulta especialmente importante en ciudades como Barranquilla, Cartagena y Santa Marta, donde existen diferentes características geológicas, zonas de relleno, sectores con suelos de distinta composición y edificaciones construidas en diferentes épocas.

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Los expertos también llaman la atención sobre las fallas geológicas que rodean la Sierra Nevada de Santa Marta y otras estructuras tectónicas de la región. Si bien la existencia de estas fallas no significa que necesariamente vaya a ocurrir un gran terremoto, sí evidencia la necesidad de fortalecer el conocimiento científico sobre la amenaza.

Otro factor de preocupación es el estado de algunas edificaciones antiguas. En caso de un sismo fuerte, la vulnerabilidad no depende únicamente de la magnitud del movimiento, sino también de las condiciones del terreno, la calidad de las construcciones, los materiales utilizados y el cumplimiento de las normas de diseño y construcción.

La microzonificación permitiría identificar sectores donde un mismo terremoto podría generar efectos diferentes. Con esa información, las autoridades podrían establecer prioridades para reforzar estructuras, actualizar planes de emergencia, definir rutas de evacuación y mejorar los protocolos de respuesta.

La advertencia cobra mayor relevancia después del movimiento telúrico del 10 de agosto, que provocó graves afectaciones en varias zonas del país y generó réplicas durante los días posteriores.

Los especialistas insisten en que un terremoto no se puede predecir, pero sus posibles consecuencias sí pueden reducirse mediante prevención, estudios técnicos y preparación.

Para el Caribe colombiano, el llamado es a no esperar un gran sismo para comenzar a evaluar el riesgo. La elaboración de estudios detallados de suelos, la revisión de edificaciones antiguas y el fortalecimiento de los sistemas de gestión del riesgo aparecen como tareas prioritarias para determinar qué tan preparadas están las principales ciudades de la región ante una eventual emergencia sísmica.

Economía y Finanzas

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