El nuevo ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, enfrenta su primera prueba política de alto calibre en el Congreso. Su debut al frente de la cartera estará marcado por el controvertido proyecto de presupuesto para 2027, una iniciativa que asciende a $575,6 billones y que ya genera dudas por el posible desbalance de las cuentas públicas.
El proyecto fue presentado por el Gobierno anterior, tal como establece el procedimiento legal, pero ahora será responsabilidad de la nueva administración defenderlo, modificarlo o plantear alternativas frente a las advertencias sobre su sostenibilidad fiscal.
La discusión comienza este martes 11 de agosto en las Comisiones Terceras y Cuartas de Senado y Cámara, donde los congresistas deberán definir inicialmente si la iniciativa avanza hacia su primer debate.
Y antes de entrar de lleno a las cifras, Gómez tendrá que enfrentar una primera batalla política.
El Centro Democrático presentó una proposición para solicitar que el proyecto sea devuelto al Ministerio de Hacienda. La propuesta será sometida a consideración de las comisiones económicas conjuntas entre este martes y el miércoles.
La petición parte de las dudas que existen alrededor de las fuentes de financiación del presupuesto. La iniciativa contempla gastos por $575,6 billones, mientras el Gobierno saliente también presentó una reforma tributaria que pretende recaudar $21,9 billones para contribuir a cerrar las necesidades fiscales del próximo año.
El problema es que diferentes análisis apuntan a que el faltante podría ser considerablemente mayor.
Las estimaciones conocidas hasta ahora sitúan el eventual hueco fiscal entre $30,2 billones y $50 billones, aunque algunas proyecciones incluso advierten que podría ser superior.
De confirmarse esos cálculos, el debate dejaría de ser únicamente sobre cuánto puede gastar el Estado y pasaría a centrarse en cómo financiar las obligaciones que ya están contempladas en las cuentas nacionales.
Para Gómez, el escenario supone un reto adicional. Aunque tiene experiencia en el Congreso, esta vez deberá actuar desde el otro lado de la mesa: como jefe de la cartera encargada de defender las finanzas públicas ante los mismos legisladores con los que anteriormente compartió bancada.
Su primera intervención tendrá además un componente político. Deberá explicar si el nuevo Gobierno considera viable mantener el proyecto tal como fue radicado o si, por el contrario, requiere una revisión profunda de sus cifras.
La eventual devolución del proyecto al Ministerio de Hacienda permitiría a la nueva administración revisar las proyecciones y replantear los componentes que considere necesarios. Pero también abriría una discusión política sobre las responsabilidades del Gobierno saliente y las decisiones fiscales que deberá asumir el entrante.
Por ahora, las comisiones económicas tienen en sus manos la primera decisión: permitir que el presupuesto de 2027 continúe su trámite o devolverlo para que sea revisado.
Lo que ocurra en esta jornada podría anticipar el tono de la relación entre el nuevo Gobierno y el Congreso durante los próximos meses.
Para Miguel Gómez, el desafío es doble: convencer a los congresistas de que las cuentas pueden sostenerse y, al mismo tiempo, dejar claro cuál será la estrategia fiscal con la que la nueva administración pretende enfrentar 2027.
El debate apenas comienza, pero el tamaño de las cifras y las dudas sobre el financiamiento anticipan una discusión que difícilmente será tranquila.

