La noche que cerró una época: la masacre de Champagne Vallenato que Barranquilla nunca olvidará

Hay fechas que quedan marcadas con sangre en la memoria de una ciudad. Para la capital del Atlántico, una de las madrugadas más oscuras ocurrió el sábado 14 de noviembre de 1998, cuando lo que debía ser una jornada de fiesta en la concurrida discoteca Champagne Vallenato (carrera 48 con calle 76) se transformó en minutos en una escena de terror que conmocionó a todo el país.

Ráfagas de fusil en pleno norte de la ciudad

A las 2:48 a.m., el sonido del acordeón fue silenciado de golpe por ráfagas de fusiles de asalto R-15. Un comando de sicarios fuertemente armados arribó al lugar en varios vehículos y abrió fuego de manera indiscriminada contra las personas que se encontraban en la entrada del establecimiento.

El saldo en el sitio fue devastador: siete personas muertas y cinco más heridas.

Entre las víctimas fatales reportadas aquella trágica madrugada se encontraban:

  • Cruci Antonio González Peña, alias «Crucito»: Comerciante guajiro y presunto objetivo principal del atentado.

  • Rangel Navarro Pérez: Propietario y administrador del establecimiento.

  • Natalí González Pérez: Hermana del propietario.

  • Sigifredo Jesús Caballo: Querido vigilante del lugar, conocido popularmente como «Tamacún».

  • Hernán García Escorcia.

  • Oscar Polo Niño.

  • Freddy Padilla Fontalvo.

La ola de violencia ligada a esta jornada trágica no se detuvo allí. Horas más tarde, se registraron los homicidios del pensionado de la Policía Wilfrido Cantillo González, baleado mientras se movilizaba en motocicleta, y del tendero Leonardo Vesga Plata en el sur de la ciudad.

Revelaciones, traiciones y la sombra del bajo mundo

Con el paso de los años, testimonios de sobrevivientes y fuentes bajo reserva —como el relato de alias El Molleja— han reconstruido el trasfondo de una masacre que reconfiguró la vida nocturna del norte de Barranquilla y marcó un hito en la historia judicial de la región.

Según revelaron fuentes cercanas a los hechos, el atentado habría sido orquestado por la estructura criminal conocida como ‘Los Alcatraces’, con base en Santa Marta, en represalia por cobros de cuentas millonarias encabezados por alias «Crucito» en nombre de altos mandos de las Autodefensas y carteles del narcotráfico.

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«Crucito pensaba que, al salir del brazo del dueño de un negocio de tanto renombre en Barranquilla, no se iban a atrever a disparar. Qué va, esos tipos eran unos matones sin alma», recordó una fuente sobreviviente sobre los momentos previos al ataque, en los que además se habrían presentado irregularidades y desarme previo a las víctimas por parte de esquemas de seguridad comprometidos.

El trágico suceso no solo apagó la vida de siete personas en el lugar, sino que desencadenó una sangrienta vendetta en los días posteriores entre escuadrones armados en varias regiones del Caribe y el interior del país, cerrando de manera trágica una de las páginas más oscuras de la violencia urbana de finales de los noventa en Barranquilla.

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