El calor de la mañana en el Atlántico no solo se sentía en el ambiente; ardía en el asfalto. A la altura de la entrada a Baranoa, el tráfico pesado que usualmente conecta a Barranquilla con Cartagena quedó reducido a la nada. El motivo: un bloqueo ciudadano impulsado por la desesperación.
Comunidad bloquea la vía Cordialidad en Baranoa por falta de agua potable
Cansados de abrir el grifo y encontrar solo aire o promesas vacías, los habitantes de la zona decidieron que la única forma de ser escuchados era deteniendo el flujo del departamento. Columnas de humo negro comenzaron a elevarse en el cielo a medida que las llantas ardían, convirtiéndose en barricadas improvisadas y en el símbolo de una crisis histórica: la falta de suministro de agua potable.
«No es un capricho, es dignidad», parecía ser el consenso entre los manifestantes que, de brazos cruzados o alzando la voz, cortaron el paso vehicular, provocando un monumental embotellamiento que se extendió por kilómetros.
Mientras decenas de conductores apagaban sus motores resignados al desierto vial, uniformados de la Policía y autoridades locales llegaron al punto crítico. En medio de los reclamos y el crujido del fuego, los funcionarios intentan tejer un diálogo que permita apagar las llamas y abrir la vía. Sin embargo, la comunidad se mantiene firme: no se moverán hasta que las soluciones dejen de ser palabras y se conviertan en hechos líquidos.
La tensión se mantiene y la vía sigue cerrada. Una jornada en la que el Atlántico se detuvo por la sed.

