El «escudo» de 1991: Fernando Carrillo y la resistencia de la Constitución frente a la polarización

A 35 años de que Colombia sepultara una de sus épocas más oscuras mediante el pacto social de la Constitución de 1991, el debate sobre su vigencia y su capacidad de resistir las tensiones del presente vuelve al centro del escenario público. En el marco de la presentación de su nuevo libro, ‘Defender la democracia sin miedo desde la democracia’, el exprocurador general y actual vicepresidente del Grupo Prisa, Fernando Carrillo, lanzó una defensa vehemente de la Carta Magna, calificándola no como un texto del pasado, sino como «la solución» a las fracturas contemporáneas del país.

Para Carrillo, la longevidad y el éxito de la Constitución no radican en su complejidad jurídica, sino en su origen: un consenso inédito que sentó a la mesa a enemigos históricos. En momentos donde la radicalización digital y verbal amenaza con transformarse en nuevas formas de violencia, el exprocurador recordó que el mayor patrimonio institucional de los colombianos nació, precisamente, de la renuncia a los extremos.

La tutela como termómetro democrático

Uno de los puntos más críticos de la intervención de Carrillo fue la defensa de los mecanismos ciudadanos de protección, poniendo el foco sobre la acción de tutela. Más allá de ser un recurso legal, la definió como el latido diario de la reforma del 91.

«La tutela es el instrumento más claro de que la Constitución del 91 está vigente».

Fernando Carrillo

Sin embargo, el diagnóstico no estuvo exento de alertas. Carrillo lamentó el preocupante fenómeno de desacato por parte de diversas autoridades que ignoran los fallos judiciales, un síntoma que debilita el espíritu con el que la Corte Constitucional fue diseñada para proteger los derechos fundamentales en la cotidianidad.

El contrapeso judicial ante la tentación autoritaria

En el plano de la separación de poderes, el exprocurador fue tajante al señalar que la independencia de los jueces es la frontera que divide a una democracia de una dictadura. Al respecto, insistió en que un «poder judicial de bolsillo» o sumiso ante el Ejecutivo y el Legislativo destruye el tejido democrático. El equilibrio actual, según su visión, se debe a la resistencia de la institucionalidad judicial colombiana frente a las presiones de turno.

La prensa también recibió un reconocimiento en este ecosistema de control, compartiendo con los jueces la responsabilidad de fiscalizar y frenar los abusos del poder político.

Un mensaje al nuevo gobierno

El análisis de Carrillo cerró con una lectura positiva de los primeros movimientos políticos tras la contienda electoral. El exprocurador calificó como un acierto y un «mensaje de respeto» el hecho de que el primer encuentro institucional del presidente electo, Abelardo De La Espriella, haya sido con los magistrados de las altas cortes. En un país que estrena liderazgo, el gesto fue interpretado como un buen augurio para mantener los contrapesos que, desde hace tres décadas y media, sostienen la estabilidad de la nación.

Economía y Finanzas

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