Los votos no son de nadie, van “cambiando de manos” de acuerdo a las circunstancias del presente. Indican, sí, una fuerza ilusoria de los partidos.
Reflexión de Ulises Redondo Cienfuegos
En ningún país de mundo existe el voto absolutamente libre, limpio. Propongo que examinemos las características de las formas como cada ciudadano ejerce su “derecho” al sufragio, en Colombia. He encontrado nueve formas:
1- El voto libre, de consciencia. 2- El voto relativamente libre. 3- El voto de «opinión». 4- El voto por amistad. 5- El voto emocional. 6- El voto «amarrado». 7- El voto coaccionado. 8- El voto manipulado. 9- El voto ficticio.
No obstante no se puede hacer una medición de los votos por cada ítem, pues no existen datos, precisos y confiables, por lo tanto encontrarán en esta reflexión la utilización de verbos conjugados en tiempo condicional simple, como: PODRÍA, HABRÍA, SERÍA, etc.
Según datos del CNE, el Pacto Histórico tiene 114.000 afiliados registrados, mientras que el Centro Democrático tiene 650.000 afiliados registrados. Las demás colectividades políticas importantes: Partido Conservador, Partido de La U., Partido Liberal y Cambio Radical, no publican una cifra oficial fija y actualizada de su padrón total de militantes activos.
Esto significa que nunca sabremos con certeza los resultados reales, de una votación por militantes afiliados a los partidos que no tienen registros, en favor de los candidatos que disputan una elección popular, cualquiera que está sea.
EL VOTO LIBRE, DE CONSCIENCIA. Es el voto seguro que solo lo decide un militante afiliado a su partido. Sería el ideal para hacer la medición que indique cuántos ciudadanos votan por ideologías.
Pero el problema se agrava si preguntamos: ¿Cómo sabemos si están convencidos de los postulados de la ideología de la cuál son militantes? ¿Conocen medianamente la doctrina neoliberal? ¿Conocen medianamente los principios de la izquierda? ¿Han estudiado el capitalismo? ¿Han estudiado el surgimiento y fracaso del socialismo «real»? La lógica me lleva a una hipótesis: si conocen las tesis ideológicas de un lado y del otro, entonces son minorías (la izquierda los llama «cuadros», la derecha, dirigentes, directores), por circunstancias de preparación académica o de militancia consecuente.
VOTO RELATIVAMENTE LIBRE. Serían muchos más los ciudadanos que se encuentran en este ítem en comparación con los que votan a conciencia. Pero son minorías en comparación con otras franjas de la población votante. Son simpatizantes no ideologizados, Pero no sé sabe cuantos son.
EL VOTO DE «OPINIÓN». Es el voto que se genera por algún impacto social: proceso de paz, lucha contra la corrupción, una medida económica o reforma social a favor o en contra de la sociedad, etc.
EL VOTO POR AMISTAD. Este voto tiene aspectos que pudieran ser considerados negativos o positivos, peligrosos o llenos de ingenuidad. No está prohibido votar y ayudar a elegir a un amigo, pero y ¿si es un criminal? Aquí no funciona por antiética la solidaridad automática con el amigo. Por otro lado el voto por amistad puede representar una vario pinta de significados. Es el voto de contacto humano, el voto de confianza por alguien que representa un símbolo de «amistad». El voto que se va cosechando con el «cuidar» a los «amigos», aunque no se tenga con ellos una amistad directa. Es el «amigo» que recorre los pueblos no específicamente en busca de votos.
EL VOTO EMOCIONAL. No se sabe cuántos votan afectados negativa o positivamente por emociones como: miedo, enojo, esperanza, seguridad e indiferencia. Pero indudablemente son muchos, en un país que se mueve entre el miedo y el enojo, la esperanza y el no-futuro y un neutro que es la indiferencia.
Algunos «analistas» cercanos a Cepeda dicen que faltó marketing electoral. Vender el producto, podría ser, pero, ¿hasta dónde honestidad, esperanza, confianza, solidaridad, ética, humanismo son susceptibles de transformarlas en mercancías o productos intangibles?
EL VOTO «AMARRADO». Es el voto clientelista al que ha recurrido tradicionalmente la vieja clase política. Es el que se cambia por dinero o especies (materiales de construcción, becas, contratos) o por burocracia (nombramientos). Este representaría el voto mayoritario. En términos de la llamada maquinaria estatal, habría también que hacer una medición para elecciones presidenciales, en cuanto a recursos y votantes. ¿Quién tiene mayor maquinaria, las gobernaciones y alcaldías o el gobierno nacional? Eso depende, también, de quién es el candidato que representa los intereses de unos y otros. Puede que el poder nacional y el local coincidan o puede que no.
EL VOTO COACCIONADO. Generalmente ejercido por grupos armados al margen de la ley, principalmente paramilitares. En la época de la violencia: «chulavitas», «pájaros», recientemente: las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC. Son votos forzados en sectores rurales. Pero también pueden ejercerlo agentes del Estado y dueños de empresas privadas para presionar a sus empleados sobre la base de amenazar con la pérdida del empleo o del contrato laboral (OPS).
EL VOTO MANIPULADO. Es manipulación de conciencias. En este entramado participan las iglesias, el marketing electoral, los medios de comunicación y las encuestas.
EL VOTO FICTICIO. Es el que pone o quita la Registraduría dependiendo del interés en elegir a unos y perjudicar a otros. Ésta es una mala práctica consuetudinaria, el típico fraude electoral. Jorge Eliécer Gaitán hacia 1946, hizo muy famosa la frase: “el que escruta, elige” para referirse a que la gente votaba hasta las 4:00 p.m., pero luego «votaba» la Registraduría. En 1970, el candidato presidencial Gustavo Rojas Pinilla fue despojado del triunfo mediante fraude. Existen quejas de ciudadanos sobre la alteración de los formularios E-14. Entre tanto, el Presidente Petro ha expresado que “la Registraduría no permite auditar el software electoral.
Si dividiéramos los ítems de votos en dos columnas, en la que la columna A represente los ítems: 1. voto libre por conciencia, 2. voto relativamente libre, 3. voto de opinión, 4. voto por amistad, por un lado y, por otro lado la columna B, represente los ítems: 5. voto amarrado, 6. voto coaccionado, 7. voto manipulado, 8. voto ficticio, ¿Cuál de las dos columnas sumaría más votos?
No se podría tener certeza de que la izquierda creció ideológicamente en relación con su votación. Tampoco se puede afirmar que la derecha ganó limpiamente.
Por otro lado, es imposible que un partido aglutine a millones de militantes adoctrinados-disciplinados-uniformados que sean conscientes de la ideología por la cual votan, sea de izquierda o derecha.
¿A quién le pertenecen los votos? ¿Al ciudadano o a los partidos? ¿El voto comprado es, auténticamente, de quién lo compra? ¿Si existiese una subasta en el mercado «negro» electoral, el voto no iría cambiando de manos de acuerdo al mejor postor? ¿El voto que se agrega como fraude, existe? El voto que se quita o resta como parte del fraude es real, pero ¿Es posible ocultarlo, esconderlo o negarlo? ¿Los votos fraudulentos le pertenecen al tramposo? ¿A quién le pertenece el voto de opinión?
Conclusiones:
-De los 12.959.542 millones de votos que obtuvo De La Espriella, la absoluta mayoría no son de él, ni de la derecha. De los 12.708.712 que obtuvo Cepeda, la absoluta mayoría no son de él, tampoco de la izquierda.
El país parece dividido en dos bandos que no tienen certeza sobre la cuantificación de un electorado propio. Ojalá estuviera dividido en cuatro, cinco, diez o cien desde la perspectiva de las ideas, los intereses socio-económicos y de la diversidad cultural. Que las opciones fueran muchas, que hubiese pluripartidismo real con partidos fuertes y liderazgos diferentes.
No sé puede hegemonizar las diferencias, es un insulto a la inteligencia.

