No es un “Tigre”, es el diablo

Reflexión de Ulises Redondo Cienfuegos

Pensar diferente no es un delito, porque somos exactamente eso, diferentes. Que la derecha quiera criminalizar la diferencia, es diferente. Ahora, los que no son de derecha no tienen el mismo derecho a preguntar: ¿Tú, o ustedes, por qué son de derecha? La diferencia está en la diferencia misma de percibir e interpretar el mundo y esa no es razón para criminalizar a nadie.

De La Espiella anuncia la comisión de varios crímenes si llegase a ser presidente: Extraditar al actual presidente y destripar a la izquierda. Entre sus propuestas de gobierno está: suprimir el 40% de los cargos de servidores públicos; construcción y privatización de diez mega cárceles; plantea una especie de “Plan Colombia II”, retomar los bombardeos y permitir el regreso de bases militares estadounidenses a Colombia; eliminar la JEP; implantar elementos del modelo de justicia de EE.UU., tales como: promover un modelo importado de Estados Unidos que busca castigar a periodistas y columnistas independientes (a los que laboran en los medios tradicionales, no, porque ellos ya están alineados) y activistas mediante millonarias demandas de responsabilidad civil por difamación; promueve el reemplazo o subordinación de procedimientos de la justicia colombiana a los de la justicia estadounidense, impulsando incluso la extradición de nacionales colombianos (incluyendo a exmandatarios) a EE. UU. Ha propuesto retirar a Colombia de organismos internacionales como la ONU y la CIDH y dolarizar de la economía. La dolarización tiene ventajas y desventajas. Entre las desventajas está: la destrucción de la industria local y por lo tanto la generación de empleo; provoca mayor volatilidad e inestabilidad económica; mayor vulnerabilidad de la economía; la banca central sería suma mente restringida; distorsión en los sistemas de precios internos, haciendo que los países que la adoptan se vuelvan más caros para su propia gente.

Aún no es presidente, pero desde ya se proyecta hacia el futuro como alguien
sin autoridad, es decir recurrirá a la violencia indiscriminada. Sabemos que la autoridad excluye la violencia, se usa cuando la autoridad fracasa. La autoridad fracasa cuando se desprecia la justicia, cuando se piensa, como Bukele, peligrosamente, que la justicia es él, que puede fungir como juez y parte al mismo tiempo, sin ninguna diferencia.

Si llegase a ser presidente, será capaz de cerrar el congreso, convocar a una constituyente, guiada por él, que le confiera poderes excepcionales permanentes, para concentrar todos los poderes públicos; eliminar el multipartidismo y el bicameralismo, y fundar un partido monopolizador y así evitar el control social. Un partido único que propale el principio del liderazgo fuerte y, finalmente, el uso del terror como método para silenciar a los opositores y el uso de la violencia indiscriminada y extrema contra el individuo como recurso para mantener el poder. En fin, un Estado policial, porque la ley es él, contra los derechos ciudadanos. Del pensamiento a la acción podría estar a un solo paso. De La Espriella no estará lejos de poner en práctica un autoritarismo o dictadura extrema. No quiero, siquiera, imaginarme el regreso del Estatuto de Seguridad en tiempos de Turbay Ayala o la aplicación del Estado de Conmoción Interior permanente o el regreso triunfante de las AUC, los falsos positivos, los asesinatos políticos y las fosas comunes. El proyecto de “Estado de terror” que no concluyó Uribe porque fuerzas institucionales, como la Corte Suprema de Justicia, del momento, se lo impidieron. De La Espriella va a repotenciar, a encender los motores del proyecto de muerte.

Él no entiende de diferencias. Solo sabe que quien no está con él, está contra él. Si llegase a ser presidente y llegase a recurrir a la violencia, el sería, también, diferente a un jefe de Estado que representa la unidad nacional para convertirse en un criminal.

No duden que lo hará, porque desprecia toda diferencia, no solo a sus opositores políticos, sino también a los electores de clase media y baja que ahora lo apoyan. Votar por el verdugo confeso es eutanasia política, es hacerse el harakiri…¡Eche…tú lo que quieres es que te coma ”El Tigre”!

Lo sabrán cuando pase. Porque, para muchos, un anuncio de amenaza solo lo es hasta cuando se concreta. Para los que somos más cautos, sabemos que un anuncio de amenaza depende de quién lo lance. De La Espriella no está jugando. Habla en serio. Está apostando por el futuro de la mafia. Esa apuesta representa el riesgo de perder fortunas si el azar falla, si no se acierta en la ruleta del constreñimiento electoral. Cómo abogado ha sido defensor de mafiosos, como presidente sería el defensor de la mafia organizada transnacional. De La Espriella tuvo vínculos con la Fundación, no gubernamental, Iniciativas por la paz, la cuál financió a grupos paramilitares y de la cuál él era su presidente. También se le señala de ser, supuestamente, reclutador de los grupos paramilitares y mediador entre sectores universitarios y estos grupos terroristas. Se le señala de ser misógino (odio a las mujeres), de ateo (señalamiento falso, porque él cree en el diablo) y un sinnúmero de presuntos delitos, así como faltas a la ética y la moral.

De La Espriella es el reemplazo de Uribe con la diferencia que el alumno supera al maestro con creces. Uribe era el aliado del diablo, en cambio, De La Espriella es el “hijo del diablo”, el “príncipe de las tinieblas”.

En la eventualidad de que llegase a ser presidente, hasta Uribe debería tener miedo. No vaya a ser que lo extradite si pretende cogobernar con el cuero de “El Tigre”. Una prueba de lealtad a EE.UU., podría ser que el tigre extradite a Uribe. Igual, que como prueba de lealtad, Uribe extraditó a los cabecillas del para militarismo para salvarse él. Y eso puede pasar, porque el Departamento de Justicia de EE.UU. ya tenía en la mira al cucho, por violación a los derechos humanos, pero en 2010, el entonces presidente J.M. Santos se atravesó y le dio inmunidad diplomática. Uribe dejó muchos cabos sueltos y esa es una deuda pendiente. Así pues, que sí el diablo queda presidente, es mejor que el cucho se atrinchere en el Ubérrimo a criar a sus nietos.

Si llegasen los primeros fogonazos del infierno, sería el anuncio de que ‘El Tigre” no es como lo pintan.

Por eso debemos desobedecer a quienes lo impulsan, a Uribe, Duque, Trump, Marcó Rubio, Netanyahu y María Elvira Salazar, la congresista republicana que apoya a De La Espriella y quién es de la idea (ella) de incluir en la lista OFAC a dirigentes de izquierda y sus familiares y retirarles la visa si, supuestamente, según ella, sabotean las elecciones haciendo fraude. La extrema derecha internacional quiere intervenir en los asuntos de Colombia, vulnerando su soberanía. Desobedecer la promesa de su propia «autoridad» amenazante, odiante de las diferencias, revanchista. No dejemos que pase, no dejemos que sea real. No permitamos que asuma el poder ejecutivo alguien más extraño a Colombia que a EE. UU., y al él gobierno de Trump, por su nacionalidad estadounidense en cuyo juramento, se compromete a: “Renunciar a cualquier lealtad a su país de origen y apoyar y defender la Constitución y las leyes estadounidenses”, entre otros. Que no llegue el tirano, aquel que manda según su voluntad e interés propios. “El tirano es el señor que gobierna como uno contra todos y los todos a los que oprime son todos iguales en cuanto a carencia de poder”. (Hannah Arendt. Qué es la autoridad). El tirano no ve diferencias. Para él la diferencia solo está en la acumulación cada vez mayor de capital lícito o ilícito, para él no hay diferencia.

Si se mata las diferencias, se mata la vida.

Economía y Finanzas

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