Derecho a robar

Reflexión de Ulises Redondo Cienfuegos

No quisiera hacer apología a la corrupción, pero la realidad me lleva al pesimismo. Observo que la estructura molecular organizada a su vez en una maravillosa, y compleja red de 37 billones de células que conforman órganos, músculos y huesos y de la que resulta una individualidad única, diversa, abierta al mundo, que le da identidad a cada sujeto, es corrupta por naturaleza. Siquis diversa, consciente de la realidad y de sí misma, también, maleable y corrupta.

Nuestra carne se corrompe, envejece, en el intercambio de energías necesarias para la producción y reproducción de la vida. Nuestros órganos fallan con el avance de la edad, hasta la muerte, corrupción total de la carne. No falta el sociópata que pretenda ser Dios y persiga la inmortalidad.

Paradójicamente no sentimos reverencia por lo maravilloso que es la vida, sentimos devoción por la materia inerte. Nos sentimos atraídos por cosas materiales: dinero, piedras preciosas, autos lujosos y casas confortables y dentro de ellas, muebles, aparatos electrónicos y demás objetos, como si nuestro pasado nos llamara de vuelta al principio.

Los alimentos son la base de ese intercambio de energías que debemos reponer para seguir vivos. La recolección de frutas fue la primera cadena trófica, pero la caza y la pesca son el primer eslabón del robo como medio de sobrevivencia. Le robamos la vida a otros animales. La domesticación de animales nos facilitó el robo. Para sobrevivir es prioritario robar vidas, robar alimentos. «Nos comemos todo lo que se mueve». También nosotros somos presas potenciales en la cadena alimentaria de otros animales, incluido el hombre. ¡Recuerden!, existen los caníbales. Cuando no hay nada que comer, se comen entre sí. Somos presas en la producción y reproducción del capital.

Necesitamos alimentarnos. Unos comen manjares otros basura. Los que ingieren manjares pueden reciclar la basura para convertirla en negocio multimillonario. Veo que hay seres humanos que viven en la basura y de la basura. También pueden ser basura en la producción y reproducción del capital.

En las primeras ciudades proto urbanas la escasez podía afecta a cualquiera. En las sociedades modernas la abundancia se concentra en pocas manos.

Todos robamos por necesidad.
Algunos sin tenerla. El sistema está diseñado con ese propósito. Nadie es inocente. Solo hay personas con menos culpa que otros.

El presupuesto general de la nación es el botín de la disputa, casi desde la fundación de la República el conflicto giró en torno al erario. Primero, la vieja clase política: liberales y conservadores, posteriormente los emergentes narco-paramilitares, y ahora la casta intelectual de izquierda. ¿Se extrañan por la polarización, degradada en intolerancia?, siempre ha existido y no por ideologías, por privilegios, por el presupuesto. El discurso maquilla las intenciones de los ladrones de élite, mientras vastos sectores de la población siguen en la ruina.

Pero si de robar se trata, creo que unos y otros tienen DERECHO A ROBAR. NO DERECHO DE ROBAR, porque robar no es un derecho legítimo. Que no siempre sean los mismos. ¡Que aburrimiento! La gente no protesta porque roben, todos tenemos alma de ladrones, la gente se cansa de que siempre roben los mismos. Todos deben tener las mismas oportunidades.

La izquierda ha hecho el enroque, una jugada que protege al rey de ataques previstos e imprevistos. Ganó la partida y se quedó con la ejecución del presupuesto. No está nada mal para empezar. Aunque proteger al rey signifique proteger al capital y sabemos que el capital es corrupto por definición. No sé porqué tanta alharaca, si al final el rey sale triunfante e ileso.

Así pues que robar es un asunto que se sale de los terrenos de la moral y entra en el dominio de la naturaleza del hombre. No robar, no matar, es ridículamente moralista, ese moralismo nació en el Estado eclesial. La iglesia imperial expandió el dogma moralista como ley divina. Luego en el Código Penal. Yo diría: de doble moral que es distinto: prohibió el robo a la mayoría de pauperizados, mientras bendecía los bienes de los poderosos, obtenidos a través del robo oprobioso.

Ahora, se observa repentinamente a los moralistas de derecha, políticos, periodistas y analistas, desempolvar el dogma. Pareciera que, intempestivamente, se transformaron en puritanos por la gracia de Dios. ¡No hombre!, están desesperados porque el botín cambió de manos.

Censuran la corrupción, el robo del erario, pero es porque ellos ya no pueden hacerlo. ¿Porqué guardaron el discurso moralista por décadas de latrocinio voraz? No vi ni escuché por los medios tradicionales de comunicación masiva la cruzada moralista, antes de Petro. El conflicto no es moral, es por la disputa de 500 billones y, quién tiene DERECHO A ROBAR y quién no. No obstante pareciera que la derecha tuviese escriturado por herencia el DERECHO A ROBAR. Los entiendo, alguien se les metió al rancho, interrumpiendo una carrera exitosa desde tiempos inmemorables. El arte de robar no es un lastre atribuible a hombres de izquierdas o derechas, es cuestión de oportunidades, de ocasión, de naturaleza humana. Dice el refrán que “la ocasión hace al ladrón”. Personalmente quisiera que la izquierda siguiera manejando el presupuesto general de la nación. No porque yo sea partidario de la izquierda. ¡Vaya pendejada! Solo que ellos también tienen DERECHO A ROBAR.

Los historiadores concienzudos nos dirán que en un período de dos centurias y algo más, en Colombia, hubo ladrones antes y después. Nos revelarán quién robó más y quién menos. Lo que no podrán decirnos es cuál es la diferencia entre unos y otros…bueno, aunque robar menos puede ser una diferencia.

Economía y Finanzas

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