Por David Awad V.
El Partido Conservador atraviesa un momento que podría definirse como “reinventarse a la fuerza”. Tras perder cinco curules en el Congreso y pasar de 15 a 10 escaños, su líder, Efraín Cepeda Sarabia, intentó explicar lo inexplicable: la caída en representación.
Según Cepeda, la pérdida se debe a la “cercanía de algunos parlamentarios con el Gobierno Nacional” y a ciertas decisiones internas que, aparentemente, nadie recuerda haber tomado del todo. Sin embargo, el senador quiso poner un rayo de esperanza: Armando Zabaraín, quien quedó en el puesto 12, podría un día, quizás, entrar al Congreso, dependiendo de los astros y la política de milagros conservadora.
Aunque Cepeda no se presentó como candidato en las recientes elecciones legislativas, no perdió la oportunidad de recordar que sigue activo en política y que algún día podría aspirar a la Gobernación del Atlántico… si el panorama electoral se lo permite.
Con la mirada puesta en las presidenciales, anunció que se trabajará para llevar un Gobierno de centro-derecha a Colombia, y que la próxima semana el Directorio Conservador definirá a quién apoyar: Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella, como si esa elección pudiera resolver años de decisiones cuestionables y curules perdidas.
Entre reuniones de directorio, curules que se esfuman y estrategias que parecen improvisadas, el Partido Conservador demuestra que a veces redefinir la estrategia significa simplemente “esperar que la política se arregle sola”.

