Por Aquiles Puyana
La Alcaldía de Santa Marta declaró la calamidad pública ante la anunciada temporada de menos lluvias durante el primer trimestre del año, una decisión que, aunque presentada como preventiva, ha generado interrogantes sobre qué tan previsible era este escenario y qué acciones concretas se adoptaron con antelación por parte del gobierno distrital encabezado por el alcalde Carlos Pinedo Cuello.
La medida fue adoptada en el marco de la Primera Sesión Ordinaria del Consejo Distrital de Gestión del Riesgo de 2026, tras evaluar riesgos asociados a la sequía, la reducción de caudales y el aumento de incendios forestales, fenómenos recurrentes en la ciudad y advertidos desde hace meses por expertos y autoridades ambientales.
Entre las acciones anunciadas se encuentra la aceleración de un plan de contingencia de Essmar E.S.P., así como el refuerzo del Cuerpo de Bomberos para atender incendios de cobertura vegetal. Sin embargo, sectores ciudadanos y líderes locales se preguntan por qué estos planes no estaban ya en plena ejecución, teniendo en cuenta que el desabastecimiento de agua y las emergencias por sequía hacen parte del historial reciente de Santa Marta.
El secretario de Gobierno, Camilo George Díaz, señaló que la calamidad permitirá agilizar contrataciones y facilitar el uso de herramientas excepcionales para responder a la emergencia, especialmente mediante el suministro de agua con carrotanques. No obstante, la declaratoria vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la planeación estructural del servicio de agua, el estado de la infraestructura y la falta de soluciones de fondo.
En los próximos días se realizará una reunión en Essmar para socializar el plan de contingencia, mientras que la Oficina de Gestión del Riesgo anunció la instalación de un Puesto de Mando Unificado (PMU). Medidas que, aunque necesarias, llegan en medio de cuestionamientos sobre si la administración distrital actúa por previsión o reacciona cuando la crisis ya es inminente.
La declaratoria de calamidad pública, más allá del discurso oficial, deja abierta una pregunta clave para los samarios: ¿estaba Santa Marta realmente preparada para un escenario que año tras año se repite?

