En el Magdalena hay palabras que se pueden decir sin mover una ceja: brisa loca, cambio, transformación. Pero hay una que últimamente provoca risa nerviosa: coherencia.
Especialmente cuando aparece en boca de ciertos personajes que hace solo unos meses proclamaban amor eterno a un proyecto… y hoy ya están coqueteando con otro. Sí, hablamos de los célebres “voltiaos del año”: Noya, Petro y Katime.
Mientras ellos rotan más que un trompo político —un día aquí, mañana allá y pasado quién sabe dónde—, otros siguen recordando que la coherencia no es una camiseta reversible.
Por eso, frente a los giros inesperados, los cambios de camiseta exprés y las piruetas de última hora, hoy se ratifica un mensaje claro: unidad sí, pero con quienes se mantienen firmes, no con quienes se doblan con la primera brisita política.
Incoherencia magna de Petro al decir “Yo no puedo estar con organizaciones de izquierda que buscan dividir la izquierda, porque dividir la izquierda y el progresismo es entregarle a quienes nos llevaron a una crisis humanitaria, a un genocidio”, olvidando el señor presidente que el genocidio lo ha propiciado la derecha a la que se sumó él en el Magdalena junto al candidato de Cambio Radical, Centro Democrático con las banderas de un Pacto que deshumaniza a una Colombia, si, los mismos que se han encargado de hundirle sus reformas y rajado hasta más no poder de él, incluso, de su vida personal.
Lo cierto es que Fuerza Ciudadana sigue en el verdadero proyecto progresista, el que no se vende, no se alquila y no se negocia en la tienda de la esquina. El que se construye con hechos, no con selfies en campaña o alianzas que duran menos que una promesa de víspera electoral.
Se vienen grandes retos para el Magdalena, y este territorio merece líderes que caminen derecho… no figuras que cambian de rumbo cada vez que huelen un nuevo poder.
Porque al final, la transformación se hace con convicción.
Los «voltiaos», en cambio, se quedan dando vueltas.

