En el corazón de Cali, entre la vida agitada del centro y el paso constante de turistas por el Bulevar del Río, operaba en silencio una organización con tentáculos internacionales. Se hacían llamar “Los Burke”, y durante años convirtieron el hurto y la manipulación de celulares en una maquinaria rentable, precisa y clandestina.
Tras ocho meses de investigación, la Policía Nacional logró desmantelar esta estructura criminal en una operación quirúrgica: 12 personas capturadas en 16 allanamientos simultáneos. Todo esto en una ciudad que, sin saberlo, había albergado uno de los laboratorios ilegales de tecnología más avanzados del país.
En un edificio del centro de Cali, escondido entre negocios comunes, los cabecillas de la red —conocidos como “Master” y “Victor”— operaban su centro de manipulación. Con software extranjero de alto costo y herramientas especializadas, borraban el rastro de los teléfonos robados: eliminaban el IMEI, reprogramaban los dispositivos y los ponían nuevamente en circulación. Algunos terminaban incluso fuera del país.
Del cosquilleo a la reventa
Entre los detenidos hay de todo: mujeres especializadas en el cosquilleo y el raponazo, especialmente activas en corredores turísticos como la Calle del Sabor. También fueron capturados receptadores, encargados de movilizar los dispositivos ya alterados hacia otras ciudades y departamentos, como el Cauca.

Durante los operativos, las autoridades incautaron cuatro discos duros, cinco portátiles y 19 celulares sin IMEI, piezas clave que ahora se convierten en evidencia contra esta red que, según estimaciones, habría movido cientos de millones de pesos en tecnología robada.
La caída de “Los Burke” no solo representa un golpe a una banda criminal. También es un alivio para quienes, en medio del afán cotidiano, han perdido más que un teléfono: su información personal, su seguridad y su tranquilidad.