¿Se acabó la hegemonía? La explosión de candidaturas que empieza a mover el tablero político en Barranquilla y Atlántico

A menos de un año de las elecciones territoriales de 2027, el escenario político de Barranquilla y el Atlántico comienza a calentarse con una velocidad inusual. Nombres que hasta hace poco parecían fuera de la discusión ahora aparecen en las conversaciones, mientras otros que sonaban con fuerza empiezan a perder espacio.

La reciente inclusión de Margarita Cabello en la baraja de posibles aspirantes y la salida de Luis Diazgranados de las especulaciones más fuertes son apenas dos movimientos dentro de un tablero que cambia prácticamente a diario.

Pero detrás de la aparición y desaparición de nombres hay una discusión de fondo: ¿está comenzando a desgastarse el dominio político del charismo en Barranquilla y el Atlántico o simplemente se trata de una pelea anticipada por la sucesión?

El debate sobre el supuesto desgaste del charismo

Durante años, la política barranquillera ha estado marcada por la influencia de la familia Char y su capacidad para articular alianzas, estructuras electorales y gobiernos locales.

Sin embargo, tres factores empiezan a alimentar la percepción de que ese dominio podría enfrentar un escenario diferente en 2027: los resultados de las elecciones al Congreso, la preocupación ciudadana por la seguridad y el debate alrededor de algunas obras y decisiones administrativas.

La pregunta inevitable es si estos elementos representan un desgaste político real o si simplemente están siendo utilizados por sectores rivales para intentar posicionarse antes de que se definan las candidaturas.

Porque hay una diferencia importante: una cosa es que el charismo esté perdiendo fuerza electoral y otra que existan tensiones internas por quién debe asumir el liderazgo de la próxima etapa.

Y precisamente ahí podría estar una de las claves del actual escenario.

¿Desgaste externo o codazos por la sucesión?

Más que un agotamiento definitivo del proyecto político, algunos sectores observan una creciente tensión interna alrededor del relevo.

La ausencia de un miembro directo de la familia Char en una eventual papeleta para la Alcaldía de Barranquilla podría generar la percepción de que la estructura tiene más competencia interna de la habitual.

Hay varios nombres interesados, distintos sectores buscando espacio y una pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿quién tendrá finalmente el respaldo de la casa política más poderosa del Caribe?

La competencia no necesariamente viene desde afuera. En buena medida, puede estar ocurriendo dentro de la propia estructura.

Por eso, la disputa por la sucesión podría terminar siendo tan importante como la confrontación con los sectores opositores.

El caso Juan Ospino y las señales dentro de Carnaval

En este contexto también cobra especial relevancia la intempestiva salida de Juan Ospino de Carnaval S.A.S., movimiento que generó ruido político y abrió interrogantes sobre las relaciones de poder alrededor de la administración distrital y del sector cultural.

La salida se produjo en medio de versiones sobre una eventual interferencia política relacionada con el cambio en la Secretaría de Cultura y la aparición de aspirantes interesados en la Alcaldía.

Más allá de las circunstancias particulares de ese episodio, el movimiento alimentó una pregunta que empieza a repetirse en los círculos políticos de Barranquilla: ¿ya comenzó la disputa por el control de las posiciones estratégicas de cara a 2027?

Si la respuesta es afirmativa, los próximos meses podrían estar marcados por movimientos silenciosos, reacomodos y alianzas que todavía no aparecen públicamente.

El Pacto Histórico cambia el tablero

Otro elemento que no puede ignorarse es el crecimiento electoral del Pacto Histórico en Barranquilla y el Atlántico.

Los resultados de las elecciones legislativas demostraron que el petrismo tiene una capacidad de movilización que hace algunos años parecía difícil de imaginar en una región donde las estructuras tradicionales han tenido una enorme influencia.

El avance de nuevos liderazgos, entre ellos sectores asociados a los Torres y otros actores emergentes, comienza a modificar el mapa político del departamento.

A esto se suma la presencia de figuras como Eduardo Pulgar y otros dirigentes que buscan recuperar o ampliar espacios de poder territorial.

El resultado es un escenario mucho menos predecible que el de anteriores elecciones.

¿Podrá el Pacto construir candidato propio?

El crecimiento electoral también trae consigo un problema: la unidad interna.

El Pacto Histórico tendrá que resolver si logra construir una candidatura competitiva alrededor de un nombre propio o si las diferencias internas terminan debilitando su posibilidad de disputar el poder local.

La pregunta adquiere mayor relevancia ante la eventual participación de figuras con respaldo nacional y ante la posibilidad de que desde Bogotá se intenten impulsar determinados nombres.

¿Habrá autonomía territorial o terminará el liderazgo nacional imponiendo las candidaturas?

Esa será una de las principales batallas políticas de los próximos meses.

Un dato que cambia la discusión

Hay otro elemento que obliga a mirar el escenario más allá de la tradicional confrontación entre el Pacto Histórico y el charismo.

La suma de las votaciones obtenidas por sectores como el Partido Liberal, La U, Centro Democrático y el Partido Conservador en las elecciones congresionales representa, según el análisis electoral, alrededor del 36,15 % de la votación.

Ese porcentaje demuestra que existe un electorado potencialmente decisivo para una elección a la Gobernación.

La gran incógnita es si esos partidos podrán traducir sus resultados legislativos en una coalición territorial competitiva.

Porque tener votos dispersos no significa necesariamente tener candidato, estructura unificada o capacidad para ganar.

Un Atlántico menos predecible

El nuevo mapa político plantea una realidad diferente: ya no basta con analizar las elecciones bajo la lógica Char contra Pacto.

Hay poderes emergentes, liderazgos municipales, partidos tradicionales que conservan una importante capacidad electoral y figuras independientes que buscan aprovechar cualquier fisura de los grandes bloques.

En ese escenario, la fragmentación puede convertirse en el principal protagonista de 2027.

Y la fragmentación trae consigo una palabra que pocas veces ha definido las elecciones del Atlántico: incertidumbre.

Todo apunta a que las próximas elecciones exigirán algo más que una estructura electoral consolidada. Las campañas necesitarán construir coaliciones amplias, encontrar perfiles capaces de atraer votantes más allá de los extremos políticos y, sobre todo, conectar con un electorado que parece menos dispuesto a votar automáticamente por los mismos bloques de siempre.

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La pregunta que queda sobre la mesa es inevitable: ¿estamos ante el principio del fin de una hegemonía política o simplemente frente a una feroz pelea por decidir quién heredará el poder?

La respuesta comenzará a conocerse mucho antes de las urnas. Y, por ahora, la carrera por Barranquilla y la Gobernación del Atlántico parece haber arrancado con demasiados jugadores y muy pocos puestos disponibles.

Economía y Finanzas

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