Air-e dio un paso que podría marcar un punto de inflexión durante el proceso de intervención de la compañía. La empresa suscribió un contrato marco de financiamiento con China National Machinery Exports and Imports Corporation (CMC), que contempla recursos de hasta $1 billón para desarrollar proyectos de infraestructura eléctrica en Atlántico, Magdalena y La Guajira.
En medio de la compleja situación financiera que enfrenta la empresa, el acuerdo representa una alternativa para recuperar el ritmo de inversiones que requiere la infraestructura eléctrica y avanzar en proyectos considerados prioritarios para mejorar la calidad y continuidad del servicio.
Uno de los aspectos más destacados del acuerdo son las condiciones de financiación: una tasa de 5,2 % efectivo anual y un plazo de 60 meses. Además, Air-e comenzaría a pagar un año después de que las obras financiadas hayan sido terminadas y entren en operación.
La posibilidad de acceder a recursos de esta magnitud cobra especial relevancia debido a la limitada capacidad de inversión que ha tenido la compañía durante los casi dos años que lleva intervenida.
Un proceso que comenzó en 2025
El acuerdo con CMC no surgió de manera repentina. Según la información entregada por Air-e, las conversaciones comenzaron a tomar forma el 28 de enero de 2025, cuando se suscribió un acuerdo de confidencialidad.
Posteriormente, el 3 de octubre de 2025 se firmó un memorando de entendimiento y el 29 de diciembre del mismo año se suscribió la primera acta de trabajo.
Las conversaciones, sin embargo, quedaron en suspenso debido a la delicada situación financiera de Air-e. El proceso comenzó a reactivarse después de que el Gobierno Nacional expresara su decisión de avanzar en el pago de la deuda que la empresa mantiene con el sector generador.
Según la compañía, esta decisión permitió recuperar la confianza necesaria para retomar las conversaciones con la empresa china.
La prioridad: reducir pérdidas y aumentar ingresos
El principal desafío será determinar cómo utilizar los recursos para que la financiación no termine convirtiéndose simplemente en más deuda para Air-e.
La apuesta está en dirigir las inversiones hacia proyectos que permitan reducir las pérdidas de energía, mejorar el recaudo y aumentar la capacidad de las redes.
La lógica es sencilla: cada pérdida de energía que se logre recuperar representa un menor costo para la compañía y cada mejora en el recaudo significa mayores ingresos y flujo de caja.
Entre los proyectos que podrían ser considerados se encuentran nuevas subestaciones en puntos estratégicos de la región.
En Atlántico aparecen la Nueva Estación del Río, frente a Barranquillita, y la Nueva Subestación Galapa. En Magdalena se contemplan las subestaciones Palermo y Bureche, mientras que en La Guajira figuran proyectos para San Juan y Uribia.
Estas obras también podrían facilitar el desarrollo de proyectos inmobiliarios, industriales y de infraestructura pública que actualmente enfrentan restricciones relacionadas con la capacidad de la red.
Además, las inversiones que entren efectivamente en operación podrían ser reconocidas dentro del esquema regulatorio de remuneración de la actividad de distribución, siempre que cumplan las reglas y verificaciones establecidas por la CREG.
Esto abre la posibilidad de que parte de las obras financiadas generen ingresos tarifarios futuros y contribuyan a mejorar las finanzas de la compañía.
No todos los recursos están comprometidos de inmediato
Un punto clave del contrato es que su firma no significa que Air-e haya adquirido automáticamente una deuda por $1 billón.
El acuerdo funciona como un marco de financiación y los proyectos que eventualmente sean ejecutados deberán superar un proceso de evaluación y aprobación.
Para ello se estableció un Comité Técnico integrado por cinco miembros: tres representantes de Air-e y dos de CMC.
Ante este organismo deberán presentarse los proyectos que CMC pretenda llevar a la etapa de ingeniería de detalle, con la información técnica y financiera requerida para evaluar su viabilidad.
El comité tendrá que analizar aspectos como la conveniencia de cada obra, los beneficios esperados, su impacto sobre las tarifas, el efecto sobre el flujo de caja de Air-e y la eficiencia de la inversión.
Solo después de esa evaluación y de la aprobación correspondiente podrá avanzarse hacia la ejecución de un proyecto específico.
La compañía también precisó que no se iniciarán inversiones ni se ejecutarán gastos a cargo de Air-e hasta que exista una decisión favorable del Comité Técnico y se suscriba el contrato específico entre las partes.
Una oportunidad para Atlántico, Magdalena y La Guajira
El reto para la empresa será convertir la financiación en resultados concretos. Si los recursos se concentran en reducir pérdidas, mejorar el recaudo y modernizar la infraestructura, el crédito podría convertirse en una herramienta para atacar simultáneamente dos de los principales problemas de Air-e: el deterioro de las redes y el déficit financiero.
Para los usuarios de Atlántico, Magdalena y La Guajira, el éxito del acuerdo dependerá finalmente de que las inversiones lleguen a las zonas que más las necesitan y se traduzcan en un servicio más estable y de mejor calidad.
La financiación con CMC representa así una oportunidad importante para Air-e, pero también plantea un desafío de administración, transparencia y eficiencia: que cada peso destinado a infraestructura contribuya realmente a recuperar la empresa y mejorar el servicio eléctrico en los tres departamentos.

