La operación militar contra una estructura de las disidencias de las Farc, en zona rural de El Retorno, Guaviare, quedó en el centro de la controversia luego de que se confirmara que entre los integrantes muertos habría al menos tres menores de edad.
El bombardeo fue ejecutado durante la madrugada del 27 de agosto contra un campamento atribuido al Bloque Jorge Suárez Briceño, estructura bajo el mando de alias ‘Calarcá’. De acuerdo con la información preliminar, el operativo dejó diez integrantes de esa organización muertos.
Sin embargo, tras el ingreso de las tropas a la zona y la recuperación de los cuerpos, las autoridades establecieron que entre las víctimas había jóvenes de 16 y 17 años. Los organismos forenses avanzan en la identificación de los fallecidos y, debido al estado en que quedó uno de los cuerpos, una de las víctimas todavía no ha podido ser plenamente identificada.
La situación generó cuestionamientos sobre las circunstancias en las que se produjo el ataque y, especialmente, sobre la presencia de menores dentro del campamento de la estructura armada.
El ministro de Defensa, al referirse a los fallecidos, habría señalado que se trataba de personas que ejercían como combatientes. Esta afirmación se convirtió en uno de los puntos centrales de la discusión pública, debido a que la presencia de menores en las filas de grupos armados ilegales constituye una problemática especialmente grave.
El Gobierno sostiene que las operaciones militares contra estructuras armadas ilegales deben desarrollarse bajo los parámetros establecidos por la ley y el Derecho Internacional Humanitario. En ese contexto, determinar qué información de inteligencia estaba disponible antes del bombardeo y qué conocimiento existía sobre la presencia de menores será fundamental para establecer eventuales responsabilidades.
El caso también vuelve a poner sobre la mesa el reclutamiento de niños y adolescentes por parte de las organizaciones criminales. Estos grupos no solo los incorporan a sus estructuras, sino que pueden exponerlos directamente a operaciones militares y convertirlos en víctimas de la confrontación armada.
La operación ocurrió en una zona estratégica del Guaviare, donde las estructuras asociadas a alias ‘Calarcá’ y alias ‘Iván Mordisco’ mantienen una disputa por el control territorial, corredores estratégicos y rentas provenientes de actividades ilícitas.
Mientras avanzan las investigaciones y la identificación de los cuerpos, permanece abierta una pregunta que deberá ser respondida con evidencia: ¿qué información tenían las Fuerzas Militares antes de ordenar el bombardeo y se conocía o no la presencia de menores en el campamento?
La respuesta será determinante para establecer si la operación se ajustó a los protocolos y normas aplicables y para esclarecer las circunstancias en las que murieron los tres jóvenes.
Más allá de la confrontación política, la muerte de menores en medio de operaciones militares vuelve a evidenciar una tragedia que Colombia no ha logrado superar: niños y adolescentes terminan atrapados en estructuras armadas que los convierten en combatientes y los exponen a una guerra que no deberían estar librando.

