No fue en Soledad, ni en Barranquilla. Tampoco en algún rincón del Caribe colombiano donde su nombre causa temor. Abraham Alfredo López Caballero, alias el Mono Abraham, fue capturado en Bello, Antioquia. Sí, en pleno corazón del Valle de Aburrá. Y no estaba de paso.
Según las autoridades, el Mono no había viajado a Medellín para esconderse, sino para hacer negocios. Lo que buscaba era cerrar alianzas criminales con el grupo delincuencial Los Triana, una de las estructuras ilegales con mayor presencia en esa región. La razón: ampliar rutas del narcotráfico desde el Caribe colombiano hacia los Estados Unidos y Europa, contaminando buques en mar abierto con cargamentos de droga, usando lanchas rápidas.


El general Edwin Urrego, comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, aseguró que la inteligencia ya le seguía el rastro desde hacía semanas. «Su intención era clara: consolidar una ruta marítima para los Costeños, saliendo desde nuestras costas, pero con conexiones logísticas que se tejían desde Medellín», explicó.
El Mono Abraham no es un novato en estas lides. Acumula siete anotaciones judiciales, entre ellas por concierto para delinquir, homicidio, violencia intrafamiliar y hasta fuga de presos. Las investigaciones lo relacionan directamente con al menos 12 homicidios y su rostro aparecía en el cartel de los más buscados de la Policía Metropolitana de Barranquilla por extorsión.
Su radio de influencia estaba claro: dominaba buena parte de Soledad, sobre todo en barrios como Ciudad Paraíso, San Vicente, Villa Sol, Villa María y Candelaria. Desde allí coordinaba extorsiones y asesinatos selectivos, manteniendo bajo presión a comerciantes y líderes sociales.

Además, se le señala como una de las piezas clave en la guerra territorial que ‘Los Costeños’ mantienen con ‘Los Pepes’ y el ‘Clan del Golfo’, una lucha sangrienta por el control de las rutas del narcotráfico en la costa Atlántica.
Lo curioso de su historia es que ya había sido capturado en 2022. Sin embargo, recuperó la libertad en 2024 tras vencimiento de términos. Pero su libertad duró poco. La Policía lo volvió a atrapar, esta vez lejos de su zona de confort, cuando intentaba abrirle nuevas puertas al crimen desde Antioquia.
La caída del Mono Abraham, aseguran las autoridades, representa un golpe importante a la estructura de ‘Los Costeños’. Sin embargo, también deja al descubierto algo más preocupante: el crimen organizado colombiano sigue expandiendo sus redes, sin importar las fronteras geográficas ni los códigos regionales.